- Señorita, son las dos de la madrugada. Hemos barrido, fregado, están todas las sillas.
- Trabaja usted mucho, ¿no? ¿Por qué no se sienta a tomarse una agüita conmigo?
- No, quiero cerrar el restaurante e irme a mi casa, por favor. Termine de beberse el vaso de agua gratis ya.
- Mire, he estado tan a gusto hoy aquí con usted que he decidido que mañana volveré.
- Mañana tenemos cerrado.
- Vaya, no pasa nada. Dígame la dirección de su casa y vengo a hacerme compañía.