Durante varios días, Eva no supo qué hacer. Si se lo doy en recepción, no tengo que darle explicaciones. Si se lo doy yo misma, quizá note algo raro. Al final, decidió esperar a que Oliver volviera y dárselo en persona.
Esa mañana se puso nerviosa cada vez que entraba alguien nuevo al museo. No sabía cómo iba a reaccionar cuando por fin lo viera otra vez.