Preocupado, Darío buscó a una anciana sabia del pueblo, que le explicó: Toda sombra liberada necesita, tarde o temprano, un propósito propio. Si no lo encuentra, seguirá atada a quien la nombró. Darío comprendió entonces que debía ayudar a Nyx a encontrar algo que hacer por sí misma.
En vez de intentar controlarla u obligarla a desaparecer.