Darío, movido más por curiosidad que por prudencia, decidió preguntar qué perdería exactamente. La sombra respondió que ni ella misma podía saberlo hasta que sucediera. Esto se debía a que la magia antigua nunca revelaba el precio por adelantado. Aun así, Darío, después de pensarlo varios días, decidió arriesgarse.
Le dio un nombre: Nix.