Desesperado, Tobías buscó a Tobías para que deshiciera el hechizo. Aunque temía que el relojero, furioso por el robo, se negara a ayudarlo. Tobías le explicó: el reloj no castiga por castigar. Refleja la intención de quien lo usa.
Si lo volcaste por codicia, el tiempo te devolverá exactamente eso: nunca avanzar de verdad.