Elena y el libro. Elena siempre llevaba un libro en la mochila. Le gustaba leer en el autobús, en el parque, en casa y hasta en la sala de espera del dentista. Para ella, cualquier momento era bueno para leer.
Un sábado por la tarde decidió visitar la biblioteca municipal. Hacía tiempo que había terminado su última novela y quería encontrar algo nuevo. Al entrar, saludó a la bibliotecaria, que ya la conocía. ¿Busca su otra aventura?
preguntó la mujer. Elena sonrió. Siempre. Comenzó a recorrer las estanterías.
Había libros de historia, de ciencia, de animales y de viajes. Todos parecían interesantes. Después de varios minutos, encontró una novela sobre una isla perdida en medio del océano. La portada mostraba un barco antiguo luchando contra una tormenta.
Elena abrió el libro y leyó las primeras páginas. Inmediatamente quiso leer qué ocurriría después. Se sentó en una mesa junto a una ventana y empezó a leer. Las horas pasaron sin que se diera cuenta.
Cuando finalmente levantó la vista, la biblioteca estaba mucho más vacía. Miró el reloj y se sorprendió. Habían pasado más de tres horas. Se rió para sí misma.
Aquello le ocurría siempre con los buenos libros. Pidió prestada la novela y volvió a casa. Durante el camino, ya estaba pensando en el siguiente capítulo.