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Historia del año: Español con Juan, Historias en español: marzo

Leer y escuchar historias es un método muy bueno para aprender vocabulario y también gramática del español. Por eso, aquí en Español Con Juan, contamos muchas historias para ayudaros a aprender español en contexto.

Este año estamos publicando una historia y cada mes publicamos un capítulo nuevo. Hemos publicado el capítulo del mes de enero, del mes de febrero y hoy vamos a publicar el capítulo del mes de marzo.

¿Preparados? ¿Preparadas? Pues, venga, !empezamos!

Hola, ¿qué tal? Perdonad, perdonad.

Como os dije en el vídeo de febrero, Carmen me invitó para ir a cenar el Día de San Valentín. El dia de los enamorados.

Yo, por supuesto, le dije que sí inmediatamente. No me lo esperaba, la verdad. Después de lo que pasó en la fiesta de sus amigos… ¿os acordáis? Si no habéis visto el vídeo de febrero, tenéis que verlo porque, bueno, fue una experiencia terrible. Hice un ridículo espantoso…

Pues quedamos para ir a cenar en un restaurante que me había recomendado mi amigo Carlos.

Se comía muy bien. La comida era excelente. Pedimos vino, claro, un buen vino francés. No puedes beber agua del grifo en la cena de San Valentín, ¿no? Y también pedimos champagne. En San Valentín hay que brindar con champagne francés, ¿no?

Bueno, en fin, comimos y bebimos muy bien.

La verdad es que fue ella la que habló durante casi toda la cena. A mí nunca me ha gustado hablar mucho sobre mí mismo. De vez en cuando yo la interrumpía para hacer algún comentario gracioso, para decir algo divertido.

Marta, mi amiga Marta, me había dicho que, como no soy ni guapo ni joven, ni tengo un buen cuerpo, ni soy fuerte, tengo que hacer un esfuerzo por ser divertido, por ser gracioso. Dice que esa es la única posibilidad que tengo con las mujeres: hacerlas reír.

Y eso es lo que intenté toda la noche con Carmen: decir tonterías, hacer bromas para hacerla reír.

Y estaba funcionando, ¿eh? Sí, estaba funcionando. Carmen se reía, se reía mucho con las tonterías que yo le contaba. Y yo también me reía. Nos reíamos los dos.

El camarero trajo la cuenta y la dejó sobre la mesa. Yo disimuladamente, le di la vuelta al papel y miré así, disimuladamente…

¡Era carísima! Era mucho más cara de lo que yo había pensado. El vino, el vino francés, costaba casi cien euros. ¿Os lo podéis imaginar? Yo nunca había bebido un vino tan caro. ¡Y habíamos pedido dos botellas! ¡Dos botellas!

Y luego el champagne. El champagne era más caro que el vino.

Total, yo me quedé horrorizado. Traté de no ponerme nervioso. Traté de mantener la calma, pero la verdad es que empecé a sudar. Sentía las gotas de sudor que me resbalaban por la espalda.

Llamé al camarero.

Pensé que quizás había un error en la cuenta. Llamé al camarero.

“¡Perdone, pero creo que aquí hay un error. No es posible que la cuenta sea tan cara, no hemos comido tanto!”

Entonces el camarero se fue y volvió con una carta. Y con la carta en la mano me fue explicando todos los precios de lo que habíamos tomado. Y entonces me di cuenta de que Carmen había pedido el vino más caro y el champagne más caro que había en la carta de vinos.

¡Y había pedido dos botellas! ¡No una, dos!

Yo estaba intentando mantener la calma, pero me estaba poniendo cada vez más nervioso. Sentía las gotas de sudor resbalando por la espalda.

Entonces me di cuenta de que, además, el segundo plato que Carmen había pedido era un plato carísimo, el plato más caro que había en la carta.

Mientras el camarero me explicaba el precio de cada uno de los platos y de las bebidas que habíamos tomado, yo me iba enfureciéndo cada vez más. Me estaba cabreando mucho. Me parecía que Carmen me había tomado el pelo.

¿Por qué había salido conmigo? ¿Qué hacía una chica joven conmigo, que ni soy guapo, ni fuerte, ni joven, ni tengo un buen cuerpo…?

Entonces me di cuenta de todo. Lo único que quería Carmen era que yo le pagase la cena. Claro, por eso había pedido dos botellas del vino más caro, por eso había pedido champagne y por eso había pedido el plato de pescado más caro que había en la carta.

Yo soy muy tímido y muy inseguro, pero cuando me enfado, cuando me cabreo, soy terrible. No me gusta que me tomen el pelo. A mí no me gusta que nadie me tome el pelo. A mi nadie me toma por tonto. No, señor.

De repente, Carmen, que estaba callada, que había estado observando la escena en silencio, cogió el bolso, lo abrió y sacó su tarjeta de crédito diciendo “¡No te preocupes, Juan, te invito yo. Pago yo la cena!”

Entonces, no sé, pensé “¡Carmen es una mujer moderna! Ella no espera que el hombre pague siempre la cuenta en un restaurante.”

Me sentí aliviado, muy aliviado.

El camarero cogió la tarjeta de crédito de Carmen y se cobró.

Total, que pagamos, bueno, Carmen pagó, y salimos del restaurante. Luego, ella me dijo que le dolía mucho la cabeza y que tenía ganas de irse a su casa a dormir. Me pareció normal. Con todo el vino que se había bebido era normal que le doliese la cabeza. Nos despedimos. Ella cogió un taxi y yo volví a casa en autobús.

La llamé al día siguiente para ver cómo estaba y me dijo que tenía resaca.

La volví a llamar el 8 de marzo, el Día de de la Mujer. Quería felicitarla. Me dijo que estaba muy ocupada, que tenía mucho trabajo.

La volví a llamar unos días más tarde, pero me dijo que tenía que ir a casa de su familia, que vive en Valencia. Quería estar con su padre el Día del Padre, el 19 de marzo. Además, de paso, ver las Fallas de este año, que es una fiesta que le gusta mucho.

Solo me dijo que ya me llamaría cuando volviera de Valencia, pero, ya han pasado varias semanas y todavía no me ha llamado. No sé, supongo que estará muy ocupada.

Y como no llama, pues la he llamado yo varias veces, pero nunca contesta. No sé, no sé qué le pasa. La verdad es que he llamado muchas veces. De hecho, la llamo todos los días, pero nunca coge el teléfono…

Voy a seguir llamándola, ¿vale? Me gustaría volver a verla. Me cae bien, me cae muy bien, pero…

En fin, ya os contaré en abril qué pasa, ¿de acuerdo?

¡Venga, hasta luego!

Bueno, espero que os guste este modo de aprender español con historias, con pequeñas historias. Esto es lo que hacemos aquí en Español con Juan: contar historias para aprender español en contexto.

Os recuerdo que este año estamos publicando cada mes una historia, ¿vale? Hemos publicado la historia del mes de enero, la historia del mes de febrero y hoy la historia del mes de marzo.

Además, si queréis leer más historias, os recuerdo que yo escribo, he escrito varias historias adaptadas para estudiantes de español de diferentes niveles.

Debajo, en la descripción del vídeo, dejo algunos links para que podáis ver estos libros, ¿de acuerdo?

Y nada más, un saludo a todos y la historia continúa el próximo mes. El próximo mes os voy a contar la continuación de esta historia: ¿Qué pasa con Carmen? Eso os lo voy a contar en el mes de abril, ¿de acuerdo? Venga, hasta luego.



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Leer y escuchar historias es un método muy bueno para aprender vocabulario y también gramática del español. Por eso, aquí en Español Con Juan, contamos muchas historias para ayudaros a aprender español en contexto.

Este año estamos publicando una historia y cada mes publicamos un capítulo nuevo. Hemos publicado el capítulo del mes de enero, del mes de febrero y hoy vamos a publicar el capítulo del mes de marzo.

¿Preparados? ¿Preparadas? Pues, venga, !empezamos!

Hola, ¿qué tal? Perdonad, perdonad.

Como os dije en el vídeo de febrero, Carmen me invitó para ir a cenar el Día de San Valentín. El dia de los enamorados.

Yo, por supuesto, le dije que sí inmediatamente. No me lo esperaba, la verdad. Después de lo que pasó en la fiesta de sus amigos… ¿os acordáis? Si no habéis visto el vídeo de febrero, tenéis que verlo porque, bueno, fue una experiencia terrible. Hice un ridículo espantoso…

Pues quedamos para ir a cenar en un restaurante que me había recomendado mi amigo Carlos.

Se comía muy bien. La comida era excelente. Pedimos vino, claro, un buen vino francés. No puedes beber agua del grifo en la cena de San Valentín, ¿no? Y también pedimos champagne. En San Valentín hay que brindar con champagne francés, ¿no?

Bueno, en fin, comimos y bebimos muy bien.

La verdad es que fue ella la que habló durante casi toda la cena. A mí nunca me ha gustado hablar mucho sobre mí mismo. De vez en cuando yo la interrumpía para hacer algún comentario gracioso, para decir algo divertido.

Marta, mi amiga Marta, me había dicho que, como no soy ni guapo ni joven, ni tengo un buen cuerpo, ni soy fuerte, tengo que hacer un esfuerzo por ser divertido, por ser gracioso. Dice que esa es la única posibilidad que tengo con las mujeres: hacerlas reír.

Y eso es lo que intenté toda la noche con Carmen: decir tonterías, hacer bromas para hacerla reír.

Y estaba funcionando, ¿eh? Sí, estaba funcionando. Carmen se reía, se reía mucho con las tonterías que yo le contaba. Y yo también me reía. Nos reíamos los dos.

El camarero trajo la cuenta y la dejó sobre la mesa. Yo disimuladamente, le di la vuelta al papel y miré así, disimuladamente…

¡Era carísima! Era mucho más cara de lo que yo había pensado. El vino, el vino francés, costaba casi cien euros. ¿Os lo podéis imaginar? Yo nunca había bebido un vino tan caro. ¡Y habíamos pedido dos botellas! ¡Dos botellas!

Y luego el champagne. El champagne era más caro que el vino.

Total, yo me quedé horrorizado. Traté de no ponerme nervioso. Traté de mantener la calma, pero la verdad es que empecé a sudar. Sentía las gotas de sudor que me resbalaban por la espalda.

Llamé al camarero.

Pensé que quizás había un error en la cuenta. Llamé al camarero.

“¡Perdone, pero creo que aquí hay un error. No es posible que la cuenta sea tan cara, no hemos comido tanto!”

Entonces el camarero se fue y volvió con una carta. Y con la carta en la mano me fue explicando todos los precios de lo que habíamos tomado. Y entonces me di cuenta de que Carmen había pedido el vino más caro y el champagne más caro que había en la carta de vinos.

¡Y había pedido dos botellas! ¡No una, dos!

Yo estaba intentando mantener la calma, pero me estaba poniendo cada vez más nervioso. Sentía las gotas de sudor resbalando por la espalda.

Entonces me di cuenta de que, además, el segundo plato que Carmen había pedido era un plato carísimo, el plato más caro que había en la carta.

Mientras el camarero me explicaba el precio de cada uno de los platos y de las bebidas que habíamos tomado, yo me iba enfureciéndo cada vez más. Me estaba cabreando mucho. Me parecía que Carmen me había tomado el pelo.

¿Por qué había salido conmigo? ¿Qué hacía una chica joven conmigo, que ni soy guapo, ni fuerte, ni joven, ni tengo un buen cuerpo…?

Entonces me di cuenta de todo. Lo único que quería Carmen era que yo le pagase la cena. Claro, por eso había pedido dos botellas del vino más caro, por eso había pedido champagne y por eso había pedido el plato de pescado más caro que había en la carta.

Yo soy muy tímido y muy inseguro, pero cuando me enfado, cuando me cabreo, soy terrible. No me gusta que me tomen el pelo. A mí no me gusta que nadie me tome el pelo. A mi nadie me toma por tonto. No, señor.

De repente, Carmen, que estaba callada, que había estado observando la escena en silencio, cogió el bolso, lo abrió y sacó su tarjeta de crédito diciendo “¡No te preocupes, Juan, te invito yo. Pago yo la cena!”

Entonces, no sé, pensé “¡Carmen es una mujer moderna! Ella no espera que el hombre pague siempre la cuenta en un restaurante.”

Me sentí aliviado, muy aliviado.

El camarero cogió la tarjeta de crédito de Carmen y se cobró.

Total, que pagamos, bueno, Carmen pagó, y salimos del restaurante. Luego, ella me dijo que le dolía mucho la cabeza y que tenía ganas de irse a su casa a dormir. Me pareció normal. Con todo el vino que se había bebido era normal que le doliese la cabeza. Nos despedimos. Ella cogió un taxi y yo volví a casa en autobús.

La llamé al día siguiente para ver cómo estaba y me dijo que tenía resaca.

La volví a llamar el 8 de marzo, el Día de de la Mujer. Quería felicitarla. Me dijo que estaba muy ocupada, que tenía mucho trabajo.

La volví a llamar unos días más tarde, pero me dijo que tenía que ir a casa de su familia, que vive en Valencia. Quería estar con su padre el Día del Padre, el 19 de marzo. Además, de paso, ver las Fallas de este año, que es una fiesta que le gusta mucho.

Solo me dijo que ya me llamaría cuando volviera de Valencia, pero, ya han pasado varias semanas y todavía no me ha llamado. No sé, supongo que estará muy ocupada.

Y como no llama, pues la he llamado yo varias veces, pero nunca contesta. No sé, no sé qué le pasa. La verdad es que he llamado muchas veces. De hecho, la llamo todos los días, pero nunca coge el teléfono…

Voy a seguir llamándola, ¿vale? Me gustaría volver a verla. Me cae bien, me cae muy bien, pero…

En fin, ya os contaré en abril qué pasa, ¿de acuerdo?

¡Venga, hasta luego!

Bueno, espero que os guste este modo de aprender español con historias, con pequeñas historias. Esto es lo que hacemos aquí en Español con Juan: contar historias para aprender español en contexto.

Os recuerdo que este año estamos publicando cada mes una historia, ¿vale? Hemos publicado la historia del mes de enero, la historia del mes de febrero y hoy la historia del mes de marzo.

Además, si queréis leer más historias, os recuerdo que yo escribo, he escrito varias historias adaptadas para estudiantes de español de diferentes niveles.

Debajo, en la descripción del vídeo, dejo algunos links para que podáis ver estos libros, ¿de acuerdo?

Y nada más, un saludo a todos y la historia continúa el próximo mes. El próximo mes os voy a contar la continuación de esta historia: ¿Qué pasa con Carmen? Eso os lo voy a contar en el mes de abril, ¿de acuerdo? Venga, hasta luego.


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