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Ciencia de andar por casa, ¿Por qué el cielo es azul_ – Text att läsa

Ciencia de andar por casa, ¿Por qué el cielo es azul_

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Un niño de cinco años mira por la ventana y hace la pregunta de siempre: ¿por qué el cielo es azul? Su padre, que no tiene ni idea, contesta con mucha seguridad: porque se refleja el mar. El niño se queda satisfecho, pero la respuesta es falsa. Si fuera verdad, no habría cielo azul en medio del desierto.

Y lo hay. Hoy, en Ciencia de andar por casa, vamos a dar la respuesta correcta y de paso resolveremos otra pregunta que va pegada a esta: ¿por qué los atardeceres son rojos? Empecemos por la luz del sol. Nos parece blanca, pero no lo es.

Está formada por todos los colores mezclados, los mismos que ves en un arcoíris. Cada color tiene una longitud de onda distinta. La luz roja tiene una onda larga. La luz azul, una onda corta.

Ahora, la atmósfera. El aire está lleno de moléculas diminutas, mucho más pequeñas que una onda de luz. Cuando la luz del sol choca con ellas, se dispersa, cambia de dirección y sale disparada hacia todos lados. Los físicos lo llaman dispersión de Rayleigh, por el científico británico que lo estudió.

Y lo importante es esto: la luz de onda corta se dispersa mucho más que la de onda larga. El azul se dispersa más que el rojo, así que la luz azul del sol rebota por toda la atmósfera y llega a tus ojos desde cualquier parte del cielo. Por eso, cuando levantas la cabeza, ves azul en todas partes. La luz roja, en cambio, casi no se dispersa y sigue su camino en línea recta.

Pero aquí hay un problema. La luz violeta tiene una onda todavía más corta que la azul, así que se dispersa aún más. Entonces, ¿por qué el cielo no es violeta? Hay dos razones.

La primera es que el sol emite menos luz violeta que azul. La segunda es que nuestros ojos son menos sensibles al violeta que al azul. Entre las dos cosas, lo que vemos es un cielo azul. Vamos al atardecer.

A mediodía, el sol está arriba y su luz atraviesa una capa de aire relativamente fina. Al atardecer, el sol está casi en el horizonte y su luz tiene que recorrer un camino mucho más largo dentro de la atmósfera. Piensa en un viaje largo por una carretera con mucho tráfico. Cuanto más largo es el viaje, más se pierde por el camino.

Con la luz pasa lo mismo. En ese trayecto largo, la luz azul se dispersa una y otra vez y casi nada de ella llega en línea recta hasta tus ojos. Lo que llega es la luz que se ha dispersado poco: la naranja y la roja. Por eso los atardeceres son rojos y naranjas.

El sol sigue teniendo el mismo color de siempre. Lo que ves es lo que queda después de que el aire se haya quedado con el azul. Esto tiene una consecuencia curiosa. Esa luz azul no ha desaparecido.

Se ha dispersado en otras direcciones y ha ido a parar a otras partes del cielo. Mientras a ti se te apaga el día, para alguien que está más allá, con el sol todavía alto, el cielo sigue siendo azul. Cada vez que ves un atardecer rojo, en otro lugar hay gente que está viendo el azul que a ti te falta. Un último detalle para quien tenga niños o sobrinos con ganas de preguntar.

Si te lo piden, prueba una versión corta de la respuesta. La luz del sol lleva todos los colores. El aire hace rebotar sobre todo el azul y por eso lo vemos en todo el cielo. Al atardecer, la luz hace un viaje más largo y el azul se pierde por el camino.

Solo llegan el naranja y el rojo. Es más larga que: porque se refleja el mar, pero es cierta. Y a los niños, cuando se les explica con calma, casi siempre les gusta más la verdad que la respuesta rápida

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