Durante los días siguientes, cada persona que se atrevía a mirarse en el espejo veía la cara de la última persona que se había mirado justo antes que ella. El alcalde del pueblo, después de escuchar tantas historias raras, decidió ir personalmente a investigar aquel misterioso espejo. Cuando llegó delante del espejo y se miró en él, vio la cara de doña Elvira, la maestra, y salió de la tienda todavía más confundido que los demás