Esa misma tarde, Sofía visitó a su abuela y la encontró todavía más callada que los días anteriores, casi sin ganas de hablar. Al verla así, con la mirada apagada, Sofía entendió por fin, con mucho miedo, que ella era la responsable de todo aquello. El atrapasueños que tanto le gustaba usar no traía magia gratis. Estaba quitando algo muy valioso a las personas que más quería