Mientras tanto, el colegio anunció que la ronda final del concurso de conocimientos se celebraría esa misma semana delante de todas las familias. Mateo, a pesar de sentirse mal, insistió en participar porque no quería aceptar su primer fracaso público. Su madre dudó mucho antes de dejarlo participar, pero al final aceptó. Pensó que quizás la experiencia le enseñaría algo importante sobre sus propios límites.