Con el paso de los días, Mateo ya no se conformaba con libros pequeños. Empezó a buscar libros más grandes en la biblioteca, escondidos entre las estanterías más altas. Se los llevaba a casa sin que nadie lo notara. Cada noche comía un poco más rápido que la noche anterior.
Quería aprender todavía más cosas. Ya no sentía miedo ni dudas. Solo pensaba en lo bien que se sentía sabiendo cosas que sus compañeros y hasta sus profesores desconocían.