Un mes después, Oliver invitó a Eva a un pequeño estudio que había alquilado cerca del museo. Le enseñó varios cuadernos nuevos, llenos de dibujos de Madrid. Y este es diferente a los demás dijo Oliver.
Le mostró un dibujo de los dos juntos, sonriendo, en el mismo banco donde todo había empezado. Es precioso, Oliver. Se abrazaron durante un buen rato, sin prisa por soltarse.