El siguiente beso es diferente, más tranquilo, más íntimo. Daniel acaricia lentamente su espalda. Clara cierra los ojos. Todo parece lejano: la boda, Álvaro, su madre, los problemas.
Solo existe ese momento: las manos de Daniel, su respiración cerca, la manera en que la mira, como si Clara fuera algo importante, algo peligroso.