TESTIGO DE DARWIN
¿Qué tal, caballero? Buenos días. Mi nombre es Julio Cesar.
¿Me regalaría un minuto de su tiempo para hablar de la palabra de Darwin?
¿Qué?
-Sí, escuchar la palabra de Darwin. -¿Cómo es eso?
Bueno, Darwin, filósofo, escritor y naturalista,
que no dio la vida por nosotros,
pero ha dado mucho más a la humanidad.
¿Cómo qué o qué?
Gracias a que Darwin nos definió como seres evolucionados,
usted y yo nos podemos comunicar de esta precisa manera.
No, no entiendo.
Bueno, de acuerdo a la palabra de Darwin,
nosotros hemos llegado hasta este punto de la Historia
gracias a nuestra buena adaptación a la naturaleza y al medio ambiente.
Bueno, supongo que hoy usted se levantó un poco más tarde,
después de una ardua semana de trabajo,
y, primero que nada, felicitarlo, se lo merece, caballero,
pero ¿sabe gracias a quién se pudo levantar hoy más tarde?
-A Dios. -No, señor, a usted.
Solamente a usted.
No, amigo, es que yo sí creo en Dios.
Bueno, Darwin no predicaba ese Dios,
pero, para que usted y yo estemos aquí el día de hoy,
alguien tuvo que luchar para convertirse
en la especie dominante del planeta.
Ah, chido, gracias por avisarme.
No, caballero.
¿Tiene usted temor al Infierno
por algo de lo que le estoy comentando?
No, la verdad, yo estaba durmiendo. Lo único que quiero es descansar.
Sí, pero espere. ¿Usted conoce el agua de Darwin?
¿Agua de Darwin? ¿Qué, tiene propiedades, es mágica?
-No, solamente es agua purificada. -Ah, ¿es agua normal?
Bueno, pero nosotros tenemos la natural o la mineral.
-¿Cuál le gusta más a usted? -No, gracias.
Caballero, no, no me cierre.
Antes, ya me voy, ¿podría realizar esta seña?
-Pues, supongo que... -Felicidades.
Es usted parte de la única especie sobre la faz de la Tierra
-que puede realizar esta seña. -Ah, pues, chido.
¿Qué tal? Buenas tardes.
¿Me regala un minuto para escuchar la palabra de Nietzsche?
¿Sabes usted que Dios está muerto?