Álvaro, al leer aquellas preguntas, sintió que algo dentro de él empezaba a cambiar. Contestó con sinceridad: prefería el té, le encantaba caminar bajo la lluvia sin paraguas y no estaba muy seguro de creer en el amor a primera vista, aunque cada vez dudaba más de su propia respuesta. Añadió al final de la nota una pregunta propia: ¿alguna vez has sentido curiosidad por alguien a quien nunca has visto? Dejó la nota dentro de un libro de poesía, esperando con más nervios de los normales que ella la encontrara pronto.