Un día, ambos coincidieron sin saberlo delante del armario de libros, a la misma hora, aunque en momentos distintos por apenas unos minutos. Marina llegó justo cuando Álvaro se alejaba después de dejar su último libro. Ella lo vio de espaldas, sin darle ninguna importancia, pensando que era simplemente otro vecino más del barrio. Álvaro, por su parte, ni siquiera se giró para mirar quién se acercaba al armario en ese momento.
Ninguno de los dos imaginó ni por un segundo que acababan de cruzarse con la persona que llevaba semanas escribiéndole