La familia Ibáñez vivía en una casa vieja heredada del abuelo Tomás en un pueblo tranquilo. Una mañana, al despertarse, el hijo pequeño, Nico, notó algo raro. El árbol que siempre veía desde su ventana ya no estaba en el mismo lugar de siempre, sino un poco más a la derecha. Se lo comentó a su hermana Vera, pero ella pensó que simplemente lo había soñado y nadie más en la familia le dio importancia aquel primer día