Al día siguiente, Elena buscó a Marta durante el recreo y le pidió disculpas de una manera muy distinta a como lo había hecho la primera vez. En lugar de restarle importancia a lo ocurrido, le explicó con sinceridad el miedo que sentía desde hacía tiempo a no ser suficientemente buena con sus propias palabras y cómo aquel miedo la había llevado a apropiarse sin pensar en las consecuencias de algo tan personal como la confesión que Marta le había compartido