El fin de semana, en vez de contar historias o hacer bromas, Alba fue a casa de su abuela solo para acompañarla y pasar un rato juntas. Se sentaron en el sofá a mirar fotos antiguas y a hablar de recuerdos familiares, sin prisa por hacer reír a nadie. Su abuela, poco a poco, empezó a hablar más y a contar pequeños detalles de su vida que Alba nunca había escuchado antes.