Esa misma tarde, Alba fue al jardín y sacó todos los tarros de su estantería secreta. Uno por uno, los abrió y dejó salir las burbujas de colores hacia el cielo, sin guardarse ninguna para ella. No sabía si aquello iba a arreglar del todo las cosas, pero sintió un alivio muy grande al hacerlo. Era como si se quitara un peso enorme de encima.