Al llegar a la cabaña, encontraron la puerta medio abierta. Dentro, para su sorpresa, había una mesa pequeña puesta para dos personas. Había dos platos y dos vasos todavía calientes. No había nadie en aquel momento, pero todo indicaba que alguien acababa de estar allí.
Sobre uno de los platos, Marta reconoció algo imposible: la pulsera perdida de Iván. Era la misma que él llevaba encima segundos antes, ahora colocada con cuidado junto al plato. Marta se giró para preguntarle a Iván qué significaba aquello.