Al escuchar esto, Leo se quedó pensativo durante mucho rato. Entendió que, en el fondo, sí quería volver a su tamaño normal. Pero también quería una vida diferente, sin miedo y sin sentirse invisible. La bruja usó los tres ingredientes y deshizo el hechizo con cuidado.
Leo volvió a crecer, poco a poco, hasta recuperar su tamaño de siempre. Esta vez, sin embargo, decidió hablar con su familia sobre sus sentimientos, en vez de callarse. Clara y Leo siguieron siendo amigos para siempre. Guardaron la vieja caja de zapatos como recuerdo de aquella aventura tan extraña.