Oliver volvió esa misma tarde. Eva se acercó a él con el cuaderno en la mano.
- Toma, lo encontré en el banco donde te sientas siempre.
- Muchas gracias. No sabes cuánto me alegro. ¿Lo abriste?
- Sólo miré la primera página para buscar un nombre.
- Vale, no te preocupes.
Oliver la miró un momento, como si no estuviera completamente seguro, pero no dijo nada más y guardó el cuaderno en su mochila.