Al día siguiente, Oliver volvió al museo y buscó su cuaderno en el banco, pero no estaba allí.
- ¿Alguien ha visto un cuaderno azul? Lo he dejado aquí ayer.
U n trabajador del museo le contestó que no sabía nada, porque Eva todavía no había hablado con nadie.
- ¡Qué mala suerte! Ahí tenía muchos dibujos importantes.
Salió del museo preocupado y triste. Esa noche, Eva pensó otra vez en el cuaderno y, después de dudar un momento, decidió abrirlo solo para buscar un nombre.