Unos meses más tarde, Eva seguía trabajando en el museo. Oliver seguía dibujando cada semana, aunque ya no en secreto. Un día, Eva le regaló un cuaderno nuevo de tapa azul, igual al primero. Quiero que dibujes la siguiente parte de nuestra historia.
Con mucho gusto. Oliver abrió el cuaderno esa misma tarde y dibujó la primera página. Los dos estaban sentados en el mismo banco del museo, mirando el mismo cuadro de siempre. Pero ahora, no había secretos entre ellos.