Los días siguientes fueron difíciles para los dos. Oliver seguía yendo al museo, pero ya no dibujaba con la misma tranquilidad de antes. Marta le preguntó a Eva varias veces: ¿Estás bien? Te veo triste.
Necesito tiempo, Marta, nada más. Por las noches, Eva miraba el dibujo del parque. Se preguntaba si había reaccionado de forma exagerada.