Una tarde, mientras caminaban por el parque, empezó a llover de repente. Corrieron juntos hasta un árbol grande.
-¡Qué lluvia tan rápida, ¿no?
-Sí, no la esperaba para nada.
- Me gusta mucho este momento, la verdad.
Eva sonrió y no dijo nada, pero sintió que el corazón le latía más rápido. Cuando dejó de llover, caminaron a casa casi en silencio, pensando los dos en lo mismo.