Marina empezó a imaginarse cómo sería aquella persona misteriosa. A veces pensaba que sería un hombre mayor, quizás jubilado, con mucho tiempo libre para leer. Otras veces imaginaba a alguien joven, parecido a los protagonistas tímidos de las novelas que tanto le gustaban. En sus notas empezó a hacerle preguntas indirectas, con la esperanza de descubrir alguna pista.
Si prefería el té o el café, si le gustaba caminar bajo la lluvia, si creía en el amor a primera vista o pensaba que esas cosas solo existían en los libros.