Durante casi dos semanas no apareció ninguna nota nueva de Álvaro en el armario de libros. Marina revisaba el armario cada día con una mezcla de esperanza y de decepción creciente, sin encontrar nada distinto a los libros de siempre. Marina empezó a preguntarse si había dicho algo demasiado directo, si lo había asustado con su última respuesta o si simplemente aquella persona misteriosa se había cansado del juego. Cada tarde que volvía a casa con las manos vacías, sentía también un vacío pequeño pero persistente, como si algo importante se hubiera detenido sin ninguna explicación clara.