Una tarde, mientras Sofía limpiaba el jardín, encontró huellas de zapatos grandes cerca de la ventana de la cocina. Las huellas eran recientes, porque la tierra todavía estaba blanda. Sofía llamó a Diego y juntos siguieron las huellas hasta el muro del fondo del jardín. Allí, alguien había roto parte de la valla, como si hubiera entrado y salido varias veces.
Diego se puso serio y dijo que era mejor avisar a la policía del pueblo. Sofía, sin embargo, quería primero entender qué escondía realmente aquella puerta cerrada del piso de arriba.