Sofía y Diego bajaron al sótano con la linterna encendida. El lugar estaba lleno de polvo y cajas viejas. Pero al fondo, encontraron una puerta pequeña de madera, medio escondida detrás de unos estantes. Cuando la abrieron, descubrieron un túnel estrecho que bajaba hacia los acantilados.
Diego explicó que, hace muchos años, algunas casas del pueblo tenían túneles secretos para escapar del mar en caso de tormenta. Sofía sintió miedo, pero también mucha curiosidad. Entendió que aquel túnel podía explicar cómo entraba y salía la persona misteriosa sin que nadie la viera desde la calle.