Clara, la sobrina de Elvira, había crecido viendo a su tía cada vez más distante y reservada. Decidió finalmente investigar qué ocurría realmente detrás de aquel comportamiento tan extraño. Notó que Elvira subía con frecuencia al ático sola, cerrando siempre la puerta con llave detrás de ella. También evitaba sistemáticamente cualquier ocasión que pudiera resultar mínimamente festiva o emotiva.
Preocupada por el bienestar de su tía y sospechando que quizás ocultaba algún secreto doloroso relacionado con la muerte de su esposo, Clara empezó a buscar la manera de acceder al ático sin que Elvira se enterara. Estaba decidida a descubrir de una vez por todas qué era exactamente lo que su tía guardaba con tanto celo desde hacía tantos años.