Ante la evidente indecisión de su hermano, Sofía se sintió profundamente herida. Interpretó su vacilación como una falta de compromiso real hacia ella y hacia su hijo. No comprendió en absoluto las verdaderas razones ocultas detrás de aquella actitud tan poco habitual en Iván. La relación entre ambos hermanos se deterioró notablemente durante las semanas siguientes.
Iván seguía debatiéndose internamente sobre qué hacer. Era consciente de que su silencio estaba causando un daño emocional real a la persona que más quería proteger en el mundo entero.