Tomás y el paraguas. Los amigos de Tomás tenían una broma recurrente. Decían que si algún día desaparecían todas las nubes del planeta, él seguiría llevando un paraguas por si acaso. Tomás estaba acostumbrado a escucharlo y sinceramente no le molestaba.
Prefería estar preparado antes que lamentarse después. Una tarde salió a pasear por el parque. El cielo estaba completamente despejado. No había ni una sola nube.
Las condiciones parecían ideales. Precisamente por eso, cuando guardó su paraguas en la mochila antes de salir, su hermano se echó a reír. Eres increíble. Tomás simplemente sonrió.
Dos horas más tarde, la situación había cambiado radicalmente. Un viento inesperado comenzó a soplar. Las nubes aparecieron en cuestión de minutos. Poco después, empezó a llover.