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El 19 de Marzo y el 2 de Mayo by Benito Pérez Galdós, IX

IX

El grupo recorrió algunas calles, y uniose a otro más numeroso que encontramos al cuarto de hora de haber salido. Lopito, señalándome las tapias que se veían en el fondo del largo callejón, me dijo:

-Aquellas son las cocheras y la huerta del Príncipe de la Paz.

Pasamos de largo y vimos de lejos las dos cúpulas del palacio. Cerca del mercado se nos unieron otras muchas personas que, según Lopito, eran cocheros, palafreneros, pinches, mozos de cuadra y lacayos del infante D. Antonio y del príncipe de Asturias.

-Pero ¿qué vamos a hacer aquí? -pregunté a mi amigo-. ¿Vamos a impedir que los Reyes salgan del pueblo, o vamos simplemente a tomar el fresco?

-Eso lo hemos de ver pronto -me contestó-. Yo, si he de decirte la verdad, no sé lo que se ha de hacer, porque Salvador el cochero no me ha dicho más sino que vaya donde van los demás y grite lo que los demás griten. Ves, ahí frente tenemos el palacio: no hay luces en las ventanas ni se oye ruido alguno, como no sea el de las ranas que cantan en los charcos del río.

La voz del que nos mandaba dijo «alto», y no dimos un paso más.

-Es raro -dije a Lopito muy quedamente- que no hayamos encontrado centinelas que nos detengan; ni siquiera una ronda de tropa que nos pregunte a dónde vamos a estas horas.

-¡Necio! -me contestó-. ¡Si sabrá la tropa lo que se pesca! ¿Pues qué hacen ellos si no estarse quietecitos en sus cuarteles esperando a que les digan: caballeros, esto se acabó?

Dime por convencido y callé. Durante un rato bastante largo no se oyó más que el sordo murmullo de diálogos sostenidos en voz baja, algunos sordos ronquidos, sofocadas toses, y a lo lejos el canto de las discutidoras ranas y el rumor de leves movimientos del aire, sacudiendo las ramas de los olmos, que empezaban a reverdecer. La noche era tranquila, triste, impregnada de ese perfume extraño que emiten las primeras germinaciones de la primavera: el cielo estaba tachonado de estrellas, a cuya pálida claridad se dibujaban los espesos y negras arboledas, la silueta cortada del Real Palacio, y más allá la figura del Anteo de mármol levantado del suelo por Hércules en el grupo de la fuente monumental que limita el llamado Parterre. El sitio y la hora eran más propios para la meditación que para la asonada.

De improviso aquel silencio profundo y aquella oscuridad intensa se interrumpieron por el relámpagode un fogonazo y el estrépito de un tiro que no sé de dónde partió. La turba de que yo formaba parte lanzó mil gritos, desparramándose en todas direcciones. Parecía que reventaba una mina, pues no a otra cosa puedo comparar la erupción de aquel rencor contenido. Todos corrían, yo corría también. Lucieron antorchas y linternas, se alzaron al aire nudosos garrotes: muchas escopetas se dispararon, oyose un son vivísimo de cornetas militares, y multitud de piedras, despedidas por manos muy diestras, fueron a despedazar, produciendo horribles chasquidos, los cristales de una gran casa. Era la del Príncipe de la Paz.

La historia dice que el tumulto empezó porque la turba se empeñó en conocer a una dama encubierta que, acompañada de dos guardias de honor, salía en coche de casa del generalísimo. Aseguran algunos que en una de las ventanas del palacio se vio una luz, considerada como señal para empezar la gresca.

Del tiro y toque de corneta no tengo duda, porque los oí perfectamente. En cuanto a la luz, yo no la vi, pero creo haber oído decir a Lopito que él la vio, aunque no estoy muy seguro de ello. Poco importa que apareciera o no: lo primero es, si no cierto, muy verosímil, porque el centro de la conjuración estaba en el alcázar, y los principales conspiradores eran, como todo el mundo sabe, el príncipe de Asturias,su tío, su hermano, sus amigos y adláteres, muchos gentiles hombres, altos funcionarios de la casa del Rey y algunos ministros.

Los alborotadores se multiplicaban a cada momento, pues nuevas oleadas de gente engrosaban la masa principal, sin que un soldado se presentase a contener al paisanaje. No tardó en caer al suelo destrozada por repetidos golpes y hachazos la puerta del palacio del Príncipe de la Paz, cuyo nombre pronunciaba el irritado vulgo entre horribles juramentos y amenazas.

La turba siempre es valiente en presencia de estos ídolos indefensos, para quienes ha sonado la hora de la caída. Tienen estos en contra suya la fatalidad de verse abandonados de improviso por los amigos tibios, por los servidores asalariados y hasta por los que todo lo deben al infeliz que cae, de modo que a las manos del odio justo o injusto, se unen para rematar la víctima las manos de la ingratitud, el más canalla de todos los vicios. Sintiendo el auxilio de la ingratitud, la turba se envalentona, se cree omnipotente e inspirada por un astro divino, y después se atribuye orgullosamente la victoria. La verdad es que todas las caídas repentinas, así como las elevaciones de la misma clase, tienen un manubrio interior, manejado por manos más expertas que las del vulgo.

Cuando la puerta de la casa se abrió, precipitosela turba en lo interior, bramando de coraje. Su salvaje resoplido me causaba terror e indignación, mayormente cuando consideré que iba a saciar su sed de venganza en la persona de un hombre indefenso. Era aquella la primera vez que veía al pueblo haciendo justicia por sí mismo, y desde entonces le aborrezco como juez.

A los gritos de «¡Muera Godoy!» se mezclaban preguntas de feroz impaciencia; «¿Le han cogido?». «¿Le han matado?». Todos querían entrar; pero no era posible, porque la casa estaba ya atestada de gente. Desde fuera y al través de los balcones de par en par abiertos, se veía el resplandor de las hachas: siniestros gritos y ruidos de muebles o vasos que se quebraban bajo las garras de la fiera, salían de la casa a mezclarse con el concierto exterior. En un instante se encendió una gran hoguera que iluminó la calle: las campanas de todas las iglesias y conventos del pueblo tocaban sin cesar; pero no podía definirse si aquellos tañidos eran toques de alarma o repiques de triunfo.

Lopito, que bailaba como un demonio adolescente junto a la hoguera, se acercó a mí y me dijo:

-Gabriel, ¿no te entusiasmas?¿Qué haces ahí tan friote? Ven, subamos al palacio. Alguna vez ha de ser para nosotros. ¿No dicen que todo lo ha robado a la nación?

Casi arrastrado por mi joven amigo entré en elpalacio y subí a las habitaciones altas, abriéndonos paso por entre los energúmenos que bajaban y subían. Recorrí todas las salas por las cuales había transitado dos días antes, llegué al mismo despacho del príncipe, y vi la mesa donde escribí mi nombre. La multitud subía y bajaba, abría alacenas, rompía tapices, volcaba sofás y sillones, creyendo encontrar tras alguno de estos muebles al objeto de su ira; violentaba las puertas a puñetazos; hacía trizas a puntapiés los biombos pintados; desahogaba su indignación en inocentes vasos de China; esparcía lujosos uniformes por el suelo, desgarraba ropas, miraba con estúpido asombro su espantosa faz en los espejos, y después los rompía; llevaba a la boca los restos de cena que existían aún calientes en la mesa del comedor; se arrojaba sobre los finos muebles para quebrarlos, escupía en los cuadros de Goya, golpeaba todo por el simple placer de descargar sus puños en alguna parte; tenía la voluptuosidad de la destrucción, el brutal instinto tan propio de los niños por la edad como de los que lo son por la ignorancia; rompía con fruición los objetos de arte, como rompe el rapaz en su despecho la cartilla que no entiende; y en esta tarea de exterminio la terrible fiera empleaba a la vez y en espantosa coalición todas sus herramientas, las manos, las patas, las garras, las uñas y los dientes, repartiendo puñetazos, patadas, coces, rasguños, dentelladas, testarazos y mordiscos.

La rabia del monstruo aumentó cuando corrieron de boca en boca estas frases: «No está ese perro». «El endino se ha escapao». Efectivamente; el Príncipe no parecía por ninguna parte, de lo cual me alegré.

Cuando la turba no puede saciar su hambre de destrucción en el objeto humano de su rencor, suele darse el gustazo de tomar venganza en los cuerpos inocentes de los muebles que a aquel pertenecieron. Así ha ocurrido en todos los motines de nuestro repertorio, y así ocurrió en aquel, más que ninguno famoso, por las diversas causas que lo ocasionaron. Convencidos, pues, los conjurados de que no habrían a las manos ni un pelo del Príncipe de la Paz, concibieron el heroico pensamiento de quemar todas las preciosidades del palacio recién saqueado.

Con gozo sin igual, con la embriaguez del triunfo y la conciencia de su fuerza irresistible, comenzaron los nuevos huéspedes del palacio a arrojar por los balcones sillas, sofás, tapices, vasos, cuadros, candelabros, espejos, ropas, papeles, vajillas y otros mil perversos cómplices de la infame política de Godoy. La fiera cumplía este cometido con cierto orden, sin dejar de decir: «¡Muera ese tunante, ladrón!», y «¡Viva el Rey, viva el Príncipe de Asturias!».

Pero antes de que empezara esta operación, y cuando los exploradores se convencieron de que el Príncipe había huido, la Princesa de la Paz, que estaba hasta entonces oculta, se presentó pidiendo socorro, e implorando la compasión de la multitud. El miedo hacía temblar a la infeliz señora, lo mismo que a su hija, niña de corta edad que con ambos puños en los ojos lloraba sin consuelo. No sé si los ruegos de la madre y de la hija ablandaron a los amotinados, o si las personas de categoría que dirigían la fiesta determinaron poner en salvo con todo miramiento y consideración a la infeliz princesa; lo cierto fue, que lejos de maltratarla de obra o de palabra, sacáronla de la casa, y puesta en una berlina fue llevada en ca el palacio de los reyes, como decía Pujitos, quien sin que nadie se lo ordenara, se encargó de tan caballeresca comisión.

Ustedes comprenderán que todo lo que fuese figurar en primer término agradaba a Pujitos, así es que si se reunía un pelotón para marchar a cualquier parte, allí estaba él para mandarlo, complaciéndose en decir: «Marchen, media güelta a lizquielda», con tanta marcialidad como un coronel de guardias walonas. No me cansaré de repetirlo: Pujitos tenía en su cráneo entre un lobanillo y un chichón, la protuberancia (¿cómo lo diré...?) la protuberancia de la tenientividad. Como Napoleón el genio de la guerra, poseía él el instinto de la milicia nacional; mas los hados no quisieron que llegase a mandar ninguna compañía de aquella honrada fuerza, porque antesde 1820 la Parca cruel lo arrebató de este mundo, privando a nuestro planeta de tan grande y simpática figura.

Cuando los infatigables trabajadores del motín comenzaron a arrojar por ventanas y balcones los muebles del palacio, Lopito, que llevaba a cuestas una maravillosa obra de porcelana, producto de los talleres de la Moncloa, se llegó a mí y díjome:

-Gabrielillo, cuidado cómo coges nada. El tío Pedro , que está allí observando lo que hacemos, tiene en la mano una pistola, y dice que levantará la tapa de los sesos al que robe cualquier chuchería. No es el único gran caballero que anda entre nosotros. ¿Ves aquel hombre vestido de majo que está dando de patadas a un retrato de cuerpo entero? Pues es un gentil-hombre del cuarto del Príncipe. ¿Ves?, ya pasó el pie del otro lado de la tela. Tremendo agujero le han hecho. ¡Al fuego, al fuego!

La hoguera, alimentada con tanto combustible, subía a enorme altura, y las llamas oscilantes iluminaban de un modo pavoroso la calle toda, y también el interior del palacio. Parecíamos los cíclopes de una inmensa fragua; y digo parecíamos, porque yo también, temiendo que mi falta de entusiasmo fuera sospechosa y me proporcionase algún porrazo, puse manos a la obra, y cogiendo una armadura milanesa, en cuyo peto y casco se veían batallas microscópicas trabajadas por finísimo cincel, di conella en la calle y en la hoguera. Ni por un momento cesaban los gritos de «muera Godoy»; y sin duda querían matarle a voces ya que de otra manera les fue imposible conseguirlo. Pero es de advertir que entre nosotros es muy común el intento de arreglar las más difíciles cuestiones mandando vivir o morir a quien se nos antoja, y somos tan dados a los gritos que repetidas veces hemos creído hacer con ellos alguna cosa.

Yo no sé si los asaltadores de la casa del Príncipe de la Paz creían estar quemando algo más que muebles muy finos y primorosas obras de arte; pero por lo que en boca de alguno de aquellos héroes oí, se me figura que estaban convencidos de que hacían un gran papel político; de que con la llama de los espinos y de los brezos, sin cesar alimentada por ébanos tallados y bordadas telas, estaban cauterizando las más feas llagas de la doliente España. ¡Ay! He presenciado después la misma escena repetida cada pocos años ya por esta idea, ya por la otra, y he dicho: «Algunas veces puede conseguirlo la espada en manos de un hombre de genio; pero el fuego en manos del vulgo, jamás».

Tras la armadura cogí un reló de bronce, y al llevarlo sobre mí sentía el palpitar de su máquina. El pobrecillo andaba, vivía; aquel artificio que tanto se parece a un ser animado, aquella obra de los hombres que parece obra de Dios, y que ha sido inventadapor la ciencia y adornada por las artes para uno de los más útiles empleos de la vida, iba a perecer a manos del hombre mismo, sin haber cometido más crimen que el de marcar las horas... ¿Pero a qué vienen estas consideraciones hechas ante la hoguera del rencor? Aunque me daba lástima del relojito, y lo estrechaba contra mi pecho escuchando su latido que iba a extinguirse, arrojelo al fin, y las mil piezas de su máquina ingeniosa repercutieron sobre el suelo. Al reló siguieron cuantas baratijas encontré a mano, entre ellas guantes perfumados, un estuche de marfil, pequeñas estatuas de alabastro y después unos mapas del Asia, libros lujosamente encuadernados que sin duda los muy necios se creían libres de la Inquisición, unas pantuflas, cuatro casacas con galones de plata y oro y el pupitre en que dos días antes se había extendido mi recomendación. ¡Fortuna, vil prostituta, por qué te invocan los hombres!


IX IX

El grupo recorrió algunas calles, y uniose a otro más numeroso que encontramos al cuarto de hora de haber salido. The group went through some streets, and joined a larger group that we found a quarter of an hour after leaving. Lopito, señalándome las tapias que se veían en el fondo del largo callejón, me dijo: Lopito, pointing to the walls at the end of the long alley, said to me:

-Aquellas son las cocheras y la huerta del Príncipe de la Paz. -Those are the garages and the garden of the Prince of Peace.

Pasamos de largo y vimos de lejos las dos cúpulas del palacio. Cerca del mercado se nos unieron otras muchas personas que, según Lopito, eran cocheros, palafreneros, pinches, mozos de cuadra y lacayos del infante D. Antonio y del príncipe de Asturias. Near the market we were joined by many other people who, according to Lopito, were coachmen, grooms, laborers, stable boys and lackeys of the Infante D. Antonio and the Prince of Asturias.

-Pero ¿qué vamos a hacer aquí? -pregunté a mi amigo-. ¿Vamos a impedir que los Reyes salgan del pueblo, o vamos simplemente a tomar el fresco? Are we going to stop the Kings from leaving the town, or are we just going to get some fresh air?

-Eso lo hemos de ver pronto -me contestó-. "We must see that soon," he answered. Yo, si he de decirte la verdad, no sé lo que se ha de hacer, porque Salvador el cochero no me ha dicho más sino que vaya donde van los demás y grite lo que los demás griten. If I have to tell you the truth, I don't know what to do, because Salvador the coachman has not told me more than to go where the others are going and shout what the others shout. Ves, ahí frente tenemos el palacio: no hay luces en las ventanas ni se oye ruido alguno, como no sea el de las ranas que cantan en los charcos del río. You see, we have the palace in front of us: there are no lights in the windows and no noise is heard, other than the frogs singing in the river pools.

La voz del que nos mandaba dijo «alto», y no dimos un paso más. The voice of the commander said "stop," and we didn't take another step.

-Es raro -dije a Lopito muy quedamente- que no hayamos encontrado centinelas que nos detengan; ni siquiera una ronda de tropa que nos pregunte a dónde vamos a estas horas. "It's strange," I said to Lopito very quietly, "that we haven't found sentries to stop us; not even a troop round that asks us where we are going at this time.

-¡Necio! -me contestó-. ¡Si sabrá la tropa lo que se pesca! If the troops know what to catch! ¿Pues qué hacen ellos si no estarse quietecitos en sus cuarteles esperando a que les digan: caballeros, esto se acabó? Well, what do they do if they don't sit still in their barracks waiting to be told: gentlemen, this is over?

Dime por convencido y callé. Tell me for convinced and shut up. Durante un rato bastante largo no se oyó más que el sordo murmullo de diálogos sostenidos en voz baja, algunos sordos ronquidos, sofocadas toses, y a lo lejos el canto de las discutidoras ranas y el rumor de leves movimientos del aire, sacudiendo las ramas de los olmos, que empezaban a reverdecer. La noche era tranquila, triste, impregnada de ese perfume extraño que emiten las primeras germinaciones de la primavera: el cielo estaba tachonado de estrellas, a cuya pálida claridad se dibujaban los espesos y negras arboledas, la silueta cortada del Real Palacio, y más allá la figura del Anteo de mármol levantado del suelo por Hércules en el grupo de la fuente monumental que limita el llamado  Parterre. The night was calm, sad, impregnated with that strange perfume emitted by the first sprouts of spring: the sky was studded with stars, in whose pale clarity the thick and black groves were drawn, the cut silhouette of the Royal Palace, and beyond the figure of the marble Anteus raised from the ground by Hercules in the group of the monumental fountain that limits the so-called Parterre. El sitio y la hora eran más propios para la meditación que para la asonada. The place and time were more suitable for meditation than for the riot.

De improviso aquel silencio profundo y aquella oscuridad intensa se interrumpieron por el relámpagode un fogonazo y el estrépito de un tiro que no sé de dónde partió. Suddenly that deep silence and that intense darkness were interrupted by the lightning of a flash and the crash of a shot that I do not know where it came from. La turba de que yo formaba parte lanzó mil gritos, desparramándose en todas direcciones. Parecía que reventaba una mina, pues no a otra cosa puedo comparar la erupción de aquel rencor contenido. It seemed that a mine was bursting, since I cannot compare the eruption of that contained rancor to anything else. Todos corrían, yo corría también. Lucieron antorchas y linternas, se alzaron al aire nudosos garrotes: muchas escopetas se dispararon, oyose un son vivísimo de cornetas militares, y multitud de piedras, despedidas por manos muy diestras, fueron a despedazar, produciendo horribles chasquidos, los cristales de una gran casa. Torches and lanterns were lit, gnarled clubs were raised into the air: many shotguns were fired, a very vivid sound of military horns was heard, and a multitude of stones, fired by very skilled hands, went to smash, producing horrible clicks, the windows of a great house . Era la del Príncipe de la Paz.

La historia dice que el tumulto empezó porque la turba se empeñó en conocer a una dama encubierta que, acompañada de dos guardias de honor, salía en coche de casa del generalísimo. The story says that the tumult started because the mob insisted on meeting an undercover lady who, accompanied by two honor guards, was driving out of the Generalissimo's house. Aseguran algunos que en una de las ventanas del palacio se vio una luz, considerada como señal para empezar la gresca.

Del tiro y toque de corneta no tengo duda, porque los oí perfectamente. I have no doubt about the shot and bugle call, because I heard them perfectly. En cuanto a la luz, yo no la vi, pero creo haber oído decir a Lopito que él la vio, aunque no estoy muy seguro de ello. As for the light, I did not see it, but I think I have heard Lopito say that he saw it, although I am not very sure about it. Poco importa que apareciera o no: lo primero es, si no cierto, muy verosímil, porque el centro de la conjuración estaba en el alcázar, y los principales conspiradores eran, como todo el mundo sabe, el príncipe de Asturias,su tío, su hermano, sus amigos y adláteres, muchos gentiles hombres, altos funcionarios de la casa del Rey y algunos ministros. It does not matter whether it appeared or not: the first thing is, if not true, very plausible, because the center of the conspiracy was in the fortress, and the main conspirators were, as everyone knows, the Prince of Asturias, his uncle, his brother, his friends and henchmen, many gentle men, high officials of the King's house, and some ministers.

Los alborotadores se multiplicaban a cada momento, pues nuevas oleadas de gente engrosaban la masa principal, sin que un soldado se presentase a contener al paisanaje. The rioters multiplied every moment, as new waves of people swelled the main mass, without a soldier showing up to contain the peasant. No tardó en caer al suelo destrozada por repetidos golpes y hachazos la puerta del palacio del Príncipe de la Paz, cuyo nombre pronunciaba el irritado vulgo entre horribles juramentos y amenazas. It did not take long for the door of the palace of the Prince of Peace to fall to the ground, shattered by repeated blows and axes, whose name was pronounced by the angry vulgar amid horrible oaths and threats.

La turba siempre es valiente en presencia de estos ídolos indefensos, para quienes ha sonado la hora de la caída. The mob is always brave in the presence of these defenseless idols, for whom the hour of the fall has struck. Tienen estos en contra suya la fatalidad de verse abandonados de improviso por los amigos tibios, por los servidores asalariados y hasta por los que todo lo deben al infeliz que cae, de modo que a las manos del odio justo o injusto, se unen para rematar la víctima las manos de la ingratitud, el más canalla de todos los vicios. They have against them the fatality of being suddenly abandoned by lukewarm friends, by salaried servants and even by those who owe everything to the unhappy who falls, so that at the hands of just or unjust hatred, they unite to finish off the victim the hands of ingratitude, the most scoundrel of all vices. Sintiendo el auxilio de la ingratitud, la turba se envalentona, se cree omnipotente e inspirada por un astro divino, y después se atribuye orgullosamente la victoria. Feeling the help of ingratitude, the mob is emboldened, believes itself omnipotent and inspired by a divine star, and then proudly claims victory. La verdad es que todas las caídas repentinas, así como las elevaciones de la misma clase, tienen un manubrio interior, manejado por manos más expertas que las del vulgo. The truth is that all sudden drops, as well as lifts of the same class, have an inner handle, handled by hands more expert than those of the common people.

Cuando la puerta de la casa se abrió, precipitosela turba en lo interior, bramando de coraje. When the door of the house was opened, the mob rushed inside, bellowing with courage. Su salvaje resoplido me causaba terror e indignación, mayormente cuando consideré que iba a saciar su sed de venganza en la persona de un hombre indefenso. His savage snort caused me terror and outrage, especially when I considered that he was going to quench his thirst for revenge in the person of a defenseless man. Era aquella la primera vez que veía al pueblo haciendo justicia por sí mismo, y desde entonces le aborrezco como juez. That was the first time I saw the people doing justice for themselves, and since then I have hated him as a judge.

A los gritos de «¡Muera Godoy!» se mezclaban preguntas de feroz impaciencia; «¿Le han cogido?». To the shouts of "Die Godoy!" questions of fierce impatience were mixed; "Have they caught him?" «¿Le han matado?». Todos querían entrar; pero no era posible, porque la casa estaba ya atestada de gente. Desde fuera y al través de los balcones de par en par abiertos, se veía el resplandor de las hachas: siniestros gritos y ruidos de muebles o vasos que se quebraban bajo las garras de la fiera, salían de la casa a mezclarse con el concierto exterior. From outside and through the wide-open balconies, you could see the glow of the axes: sinister screams and noises of furniture or glasses breaking under the claws of the beast, leaving the house to mingle with the outside concert. . En un instante se encendió una gran hoguera que iluminó la calle: las campanas de todas las iglesias y conventos del pueblo tocaban sin cesar; pero no podía definirse si aquellos tañidos eran toques de alarma o repiques de triunfo.

Lopito, que bailaba como un demonio adolescente junto a la hoguera, se acercó a mí y me dijo:

-Gabriel, ¿no te entusiasmas?¿Qué haces ahí tan friote? -Gabriel, are you not excited? What are you doing there so much? Ven, subamos al palacio. Alguna vez ha de ser para nosotros. It has to be for us sometime. ¿No dicen que todo lo ha robado a la nación? Don't they say that everything has been stolen from the nation?

Casi arrastrado por mi joven amigo entré en elpalacio y subí a las habitaciones altas, abriéndonos paso por entre los energúmenos que bajaban y subían. Almost dragged by my young friend, I entered the palace and went up to the upper rooms, making our way through the madmen who rose and fell. Recorrí todas las salas por las cuales había transitado dos días antes, llegué al mismo despacho del príncipe, y vi la mesa donde escribí mi nombre. La multitud subía y bajaba, abría alacenas, rompía tapices, volcaba sofás y sillones, creyendo encontrar tras alguno de estos muebles al objeto de su ira; violentaba las puertas a puñetazos; hacía trizas a puntapiés los biombos pintados; desahogaba su indignación en inocentes vasos de China; esparcía lujosos uniformes por el suelo, desgarraba ropas, miraba con estúpido asombro su espantosa faz en los espejos, y después los rompía; llevaba a la boca los restos de cena que existían aún calientes en la mesa del comedor; se arrojaba sobre los finos muebles para quebrarlos, escupía en los cuadros de Goya, golpeaba todo por el simple placer de descargar sus puños en alguna parte; tenía la voluptuosidad de la destrucción, el brutal instinto tan propio de los niños por la edad como de los que lo son por la ignorancia; rompía con fruición los objetos de arte, como rompe el rapaz en su despecho la cartilla que no entiende; y en esta tarea de exterminio la terrible fiera empleaba a la vez y en espantosa coalición todas sus herramientas, las manos, las patas, las garras, las uñas y los dientes, repartiendo puñetazos, patadas, coces, rasguños, dentelladas, testarazos y mordiscos. The crowd rose and fell, opened cupboards, broke tapestries, overturned sofas and armchairs, believing that they would find the object of their anger behind some of these pieces of furniture; he was beating the doors with his fists; he kicked to shreds painted screens; He poured out his indignation on innocent glasses from China; he scattered luxurious uniforms on the floor, tore clothes, gazed with stupid amazement at his hideous face in the mirrors, and then smashed them; He was putting the remains of dinner that were still hot on the dining room table in his mouth; he threw himself on the fine furniture to break them, he spat on Goya's paintings, he struck everything for the simple pleasure of unloading his fists somewhere; she had the voluptuousness of destruction, the brutal instinct as typical of children due to age as of those who are children due to ignorance; he broke art objects with relish, as the raptor breaks in his spite the primer he does not understand; And in this task of extermination the terrible beast used all its tools, hands, feet, claws, nails and teeth at the same time and in a dreadful coalition, delivering punches, kicks, kicks, scratches, bites, heads and bites. .

La rabia del monstruo aumentó cuando corrieron de boca en boca estas frases: «No está ese perro». The monster's anger increased when these phrases spread from mouth to mouth: "That dog isn't here." «El endino se ha escapao». Efectivamente; el Príncipe no parecía por ninguna parte, de lo cual me alegré. Effectively; the Prince was nowhere to be seen, of which I was glad.

Cuando la turba no puede saciar su hambre de destrucción en el objeto humano de su rencor, suele darse el gustazo de tomar venganza en los cuerpos inocentes de los muebles que a aquel pertenecieron. When the mob cannot satisfy its hunger for destruction in the human object of its resentment, it usually takes the pleasure of taking revenge on the innocent bodies of the furniture that belonged to it. Así ha ocurrido en todos los motines de nuestro repertorio, y así ocurrió en aquel, más que ninguno famoso, por las diversas causas que lo ocasionaron. This has happened in all the riots in our repertoire, and so it happened in that one, more than any famous one, for the various causes that caused it. Convencidos, pues, los conjurados de que no habrían a las manos ni un pelo del Príncipe de la Paz, concibieron el heroico pensamiento de quemar todas las preciosidades del palacio recién saqueado. Convinced, then, the conspirators that there would not be a hair of the Prince of Peace at the hands, they conceived the heroic thought of burning all the preciousness of the recently sacked palace.

Con gozo sin igual, con la embriaguez del triunfo y la conciencia de su fuerza irresistible, comenzaron los nuevos huéspedes del palacio a arrojar por los balcones sillas, sofás, tapices, vasos, cuadros, candelabros, espejos, ropas, papeles, vajillas y otros mil perversos cómplices de la infame política de Godoy. With unparalleled joy, with the intoxication of triumph and the awareness of its irresistible strength, the new guests of the palace began to throw chairs, sofas, tapestries, glasses, pictures, chandeliers, mirrors, clothes, papers, tableware and other things from the balconies. a thousand perverse accomplices of Godoy's infamous policy. La fiera cumplía este cometido con cierto orden, sin dejar de decir: «¡Muera ese tunante, ladrón!», y «¡Viva el Rey, viva el Príncipe de Asturias!». The beast carried out this task with a certain order, without ceasing to say: "Death to that rogue, thief!" And "Long live the King, long live the Prince of Asturias!"

Pero antes de que empezara esta operación, y cuando los exploradores se convencieron de que el Príncipe había huido, la Princesa de la Paz, que estaba hasta entonces oculta, se presentó pidiendo socorro, e implorando la compasión de la multitud. El miedo hacía temblar a la infeliz señora, lo mismo que a su hija, niña de corta edad que con ambos puños en los ojos lloraba sin consuelo. Fear made the unhappy lady tremble, as well as her daughter, a young girl who cried inconsolably with both fists to her eyes. No sé si los ruegos de la madre y de la hija ablandaron a los amotinados, o si las personas de categoría que dirigían la fiesta determinaron poner en salvo con todo miramiento y consideración a la infeliz princesa; lo cierto fue, que lejos de maltratarla de obra o de palabra, sacáronla de la casa, y puesta en una berlina fue llevada en  ca el palacio de los reyes, como decía Pujitos, quien sin que nadie se lo ordenara, se encargó de tan caballeresca comisión. I do not know if the pleas of the mother and the daughter softened the mutineers, or if the people of rank who were directing the party determined to save the unhappy princess with all due regard and consideration; The truth was, that far from mistreating her in deed or in word, they took her out of the house, and put in a saloon she was taken to the palace of the kings, as Pujitos said, who without anyone ordering him, took care of so much chivalrous commission.

Ustedes comprenderán que todo lo que fuese figurar en primer término agradaba a Pujitos, así es que si se reunía un pelotón para marchar a cualquier parte, allí estaba él para mandarlo, complaciéndose en decir: «Marchen, media güelta a lizquielda», con tanta marcialidad como un coronel de guardias walonas. You will understand that everything that was to appear in the foreground pleased Pujitos, so if a platoon gathered to march anywhere, he was there to send it, pleased to say: "March, half guelta to lizquielda", with so much Martiality as a Colonel of Walon Guards. No me cansaré de repetirlo: Pujitos tenía en su cráneo entre un lobanillo y un chichón, la protuberancia (¿cómo lo diré...?) I will not tire of repeating it: Pujitos had in his skull between a wolf and a bump, the protuberance (how can I say it ...?) la protuberancia de la  tenientividad. Como Napoleón el genio de la guerra, poseía él el instinto de la milicia nacional; mas los hados no quisieron que llegase a mandar ninguna compañía de aquella honrada fuerza, porque antesde 1820 la Parca cruel lo arrebató de este mundo, privando a nuestro planeta de tan grande y simpática figura. Like Napoleon the genius of war, he possessed the instinct of the national militia; but the fates did not want him to send any company of that honorable force, because before 1820 the cruel Grim Reaper snatched him from this world, depriving our planet of such a great and sympathetic figure.

Cuando los infatigables trabajadores del motín comenzaron a arrojar por ventanas y balcones los muebles del palacio, Lopito, que llevaba a cuestas una maravillosa obra de porcelana, producto de los talleres de la Moncloa, se llegó a mí y díjome:

-Gabrielillo, cuidado cómo coges nada. -Gabrielillo, be careful how you take anything. El  tío Pedro , que está allí observando lo que hacemos, tiene en la mano una pistola, y dice que levantará la tapa de los sesos al que robe cualquier chuchería. Uncle Pedro, who is there watching what we do, has a gun in his hand and says he will lift the brains out of anyone who steals any trinket. No es el único gran caballero que anda entre nosotros. ¿Ves aquel hombre vestido de majo que está dando de patadas a un retrato de cuerpo entero? See that man dressed like a nice guy kicking a full-length portrait? Pues es un gentil-hombre del cuarto del Príncipe. Well, he's a gentleman from the Prince's room. ¿Ves?, ya pasó el pie del otro lado de la tela. You see, the foot has already passed on the other side of the cloth. Tremendo agujero le han hecho. They have made a huge hole. ¡Al fuego, al fuego! To the fire, to the fire!

La hoguera, alimentada con tanto combustible, subía a enorme altura, y las llamas oscilantes iluminaban de un modo pavoroso la calle toda, y también el interior del palacio. The bonfire, fueled with so much fuel, rose to enormous height, and the oscillating flames illuminated the entire street, and also the interior of the palace in a terrifying way. Parecíamos los cíclopes de una inmensa fragua; y digo parecíamos, porque yo también, temiendo que mi falta de entusiasmo fuera sospechosa y me proporcionase algún porrazo, puse manos a la obra, y cogiendo una armadura milanesa, en cuyo peto y casco se veían batallas microscópicas trabajadas por finísimo cincel, di conella en la calle y en la hoguera. We looked like the Cyclops in an immense forge; And I say we seemed, because I too, fearing that my lack of enthusiasm was suspicious and would give me some blow, I got down to work, and taking a Milanese armor, in whose breastplate and helmet you could see microscopic battles worked by a very fine chisel, I said with her in the street and at the stake. Ni por un momento cesaban los gritos de «muera Godoy»; y sin duda querían matarle a voces ya que de otra manera les fue imposible conseguirlo. Not for a moment did the shouts of "Die Godoy" cease; and without a doubt they wanted to kill him loudly since otherwise it was impossible to achieve it. Pero es de advertir que entre nosotros es muy común el intento de arreglar las más difíciles cuestiones mandando vivir o morir a quien se nos antoja, y somos tan dados a los gritos que repetidas veces hemos creído hacer con ellos alguna cosa. But it is to be noted that among us it is very common to try to settle the most difficult questions by sending whoever we want to live or die, and we are so given to shouting that we have repeatedly thought we were doing something with them.

Yo no sé si los asaltadores de la casa del Príncipe de la Paz creían estar quemando algo más que muebles muy finos y primorosas obras de arte; pero por lo que en boca de alguno de aquellos héroes oí, se me figura que estaban convencidos de que hacían un gran papel político; de que con la llama de los espinos y de los brezos, sin cesar alimentada por ébanos tallados y bordadas telas, estaban cauterizando las más feas llagas de la doliente España. I don't know if the assailants at the Prince of Peace's house believed they were burning something more than fine furniture and exquisite works of art; But from what I heard from some of those heroes, I think they were convinced that they played a great political role; that with the flame of thorns and heather, ceaselessly nourished by carved ebonies and embroidered cloth, they were cauterizing the ugliest wounds of suffering Spain. ¡Ay! He presenciado después la misma escena repetida cada pocos años ya por esta idea, ya por la otra, y he dicho: «Algunas veces puede conseguirlo la espada en manos de un hombre de genio; pero el fuego en manos del vulgo, jamás». Afterwards I have witnessed the same scene repeated every few years for this idea, now for the other, and I have said: 'Sometimes the sword can achieve it in the hands of a man of genius; but the fire in the hands of the vulgar, never ».

Tras la armadura cogí un reló de bronce, y al llevarlo sobre mí sentía el palpitar de su máquina. Behind the armor I took a bronze relay, and as I carried it on me I felt the throbbing of its machine. El pobrecillo andaba, vivía; aquel artificio que tanto se parece a un ser animado, aquella obra de los hombres que parece obra de Dios, y que ha sido inventadapor la ciencia y adornada por las artes para uno de los más útiles empleos de la vida, iba a perecer a manos del hombre mismo, sin haber cometido más crimen que el de marcar las horas... ¿Pero a qué vienen estas consideraciones hechas ante la hoguera del rencor? The poor thing walked, he lived; that artifice that so much resembles an animated being, that work of men that seems to be the work of God, and that has been invented by science and adorned by the arts for one of the most useful uses of life, was going to perish at the hands of of the man himself, without having committed any crime other than that of marking the hours ... But what are these considerations made before the stake of resentment? Aunque me daba lástima del relojito, y lo estrechaba contra mi pecho escuchando su latido que iba a extinguirse, arrojelo al fin, y las mil piezas de su máquina ingeniosa repercutieron sobre el suelo. Although I felt sorry for the little clock, and I held it to my chest listening to its heartbeat that was about to die out, I finally threw it, and the thousand pieces of its ingenious machine echoed on the ground. Al reló siguieron cuantas baratijas encontré a mano, entre ellas guantes perfumados, un estuche de marfil, pequeñas estatuas de alabastro y después unos mapas del Asia, libros lujosamente encuadernados que sin duda los muy necios se creían libres de la Inquisición, unas pantuflas, cuatro casacas con galones de plata y oro y el pupitre en que dos días antes se había extendido mi recomendación. The clock was followed by how many trinkets I found on hand, among them scented gloves, an ivory case, small alabaster statues and later some maps of Asia, luxuriously bound books that no doubt the very fools believed themselves free from the Inquisition, a few slippers, four coats with silver and gold stripes and the desk where my recommendation had been extended two days earlier. ¡Fortuna, vil prostituta, por qué te invocan los hombres!