Esa misma noche decidieron turnarse para vigilar la casa desde fuera, con la esperanza de descubrir qué estaba pasando exactamente. Sin embargo, todos se quedaron dormidos antes del amanecer, vencidos por el cansancio. A la mañana siguiente, la casa apareció junto a un lago tranquilo, rodeada de patos y de una niebla suave que hacía todo el paisaje parecer sacado de un cuento. Nico, emocionado en lugar de asustado, empezó a pensar que aquello era la aventura más interesante que le había pasado nunca