Al terminar la clase, Carla se acercó a Sofía muy triste y le confesó que llevaba varias semanas sin soñar absolutamente nada. Ni siquiera tenía pesadillas. Le contó que se sentía vacía por dentro y estaba preocupada. Sentía como si le hubieran robado algo importante sin darse cuenta.
Sofía miraba a Carla y escuchaba las palabras de su amiga con el corazón acelerado, empezando a atar cabos sobre lo que realmente estaba pasando