De vuelta a casa, Sofía decidió colgar el atrapasueños cerca de la ventana cada noche, esperando ver otra vez las nubes de color flotando en la oscuridad. Descubrió que si dejaba la ventana un poco abierta, podía atraer sueños de las casas vecinas mientras todos dormían. Aquella noche, por primera vez en mucho tiempo, se durmió con muchas ganas de descubrir qué aventura iba a vivir