- Señorita, sus tomates.
- Ay, qué amables. Escuche, ¿y ha visto los pimientos?
- Pimientos, claro. Hay pimientos al lado de los tomates y los calabacines.
- Vaya, pues podría haber hecho el viaje. Porque ahora va tener que hacer otro viaje. Es que me ha dicho la señora del pescado que me quede aquí. ¿Me puede traer un pimiento verde y un pimiento rojo? Grandes, que los utilizaré para la ensalada y para las calivadas.
- ¿No le parece que es abusar un poco?
- ¿Usted trabaja aquí?
- Sí, claro.
- Pues trabaje, trabaje. Un pimiento rojo y un pimiento verde, por favor. Qué amables son en este súper.
- Claro, por supuesto. Ahora voy.