- Buenas tardes, señorita. ¿Qué quiere tomar?
- Buenas tardes. Tengo mucho calor.
- Es normal. Estos días está haciendo mucha calor en Barcelona.
- Pero no paro de sudar. Haga lo que haga, sudo. Hasta sentada sudo.
- Sí, sí. Y tiene suerte que en este restaurante tenemos aire acondicionado.
- ¿Ah, sí?
- Bueno, sí. Lo que pasa es que, como que hace tanto calor, le cuesta un poco bajar la temperatura.
- Será eso. Quiero algo muy fresquito.
- Pues lo más fresco que puedo ofrecerle sería agua con hielo.
- ¿Y aquí en Barcelona el agua se paga?
- Sí, sí, sí, sí.
- ¡No! En otros países no se paga.
- Ya, bueno, teóricamente no debería pagarse, pero aquí sí.
- ¿Y por qué? ¿Y si pongo una reclamación?
- Bueno, señorita, tampoco hace falta llegar a estos extremos.
- Le puedo traer agua del grifo si quiere.
- ¿Pero estará fresquita?
- Sí, le traeré agua del grifo con unos cubitos de hielo.
- ¿Y me podría invitar a unas olivas también?
- ¿Quiere olivas?
- Sí, claro.
- Le pondremos una tapa de olivas.
- Pues entonces quiero agua del grifo fresquita y unas olivas de regalo. Gracias.
- Muy bien, ahora se lo traigo.