Hace mucho tiempo, Leo vivía en el pueblo como un chico normal. Un día, entró sin permiso en el jardín de una mujer mayor. Quería recoger una manzana roja del árbol. Esa mujer, en realidad, era una bruja, aunque nadie en el pueblo lo sabía con seguridad.
La bruja se enfadó mucho al ver a Leo en su jardín. Se enfadó especialmente cuando vio que Leo quería robarle sus manzanas. Movió las manos con rapidez y dijo unas palabras extrañas. En ese momento, Leo sintió un mareo fuerte.
Poco a poco, empezó a hacerse pequeño, más y más pequeño, hasta el tamaño de un dedo.