Inmediatamente después de aquel sacrificio, el nivel del río volvió a normalizarse por completo. Esto garantizó nuevamente la prosperidad continua de todo el pueblo durante los siguientes años. Nadia, aunque sentía profundamente la pérdida de aquel recuerdo tan preciado de su madre, encontró cierto consuelo al saber que había logrado proteger a toda su comunidad de la escasez que tanto sufrimiento había causado anteriormente. Con el paso del tiempo, formó su propia familia, transmitiendo a su hija Elisa la historia completa del pacto.
Incluía la advertencia sobre la profecía que ahora recaería inevitablemente sobre las siguientes generaciones.