La situación se complicó todavía más cuando su hermana Sofía, atravesando una etapa especialmente difícil de salud, le pidió directamente que le prometiera cuidar de su pequeño hijo en caso de que a ella le ocurriera algo grave en el futuro. Iván, consciente de que aquella promesa activaría inevitablemente la tercera y última capacidad del anillo, dudó profundamente antes de responder. Se debatía entre el amor genuino que sentía por su sobrino y el temor a comprometerse mágicamente de forma tan total y permanente con una responsabilidad de semejante magnitud.