Pasan varios meses. El árbol del jardín es fuerte y bonito. Cada primavera aparecen las flores blancas a sus pies. Algunas noches, cuando el viento sopla muy despacio, Luna vuelve a escuchar una campanilla lejana.
Nunca vuelve a ver claramente al unicornio, pero ya no le hace falta. Ahora sabe que la verdadera magia no consiste en encontrar un unicornio. La verdadera magia es cuidar el mundo para que los unicornios y todos los demás seres también tengan un lugar donde vivir.