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Cenizas Calientes, Cenizas Calientes 5 – Text to read

Cenizas Calientes, Cenizas Calientes 5

Anfänger 2 Spanisch lesson to practice reading

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Cenizas Calientes 5

Capítulo 5 −Hola. Tengo el coche fuera −le dice Pepa a Albert. −Hola. Vamos a Barcelona. Quiero ver la ciudad. Albert lleva su maletín. Parece contento. Pepa no sabe cómo empezar una conversación, así que pone música. −¿Qué quieres ver? −pregunta Pepa al entrar en la ciudad−. ¿La Sagrada Familia, el paseo de Gracia, la Pedrera, el parque Güell, la Catedral, la Rambla…?Un BMW los adelanta. Carlos tiene un coche igual y Pepa se acuerda de él. Marca su número, pero no hay respuesta. Le deja un mensaje en el contestador: «¡Llámame!». Después de una visita corta a la Sagrada Familia, la interminable iglesia de Gaudí, Pepa y Albert vuelven al taxi. Anochece. −Te invito a cenar donde tú quieras −dice Albert con una sonrisa encantadora. −Hombre, gracias. ¿Adónde quieres ir? −No sé. Yo no conozco la ciudad. Pepa no quiere llevarlo al típico restaurante para guiris. Quiere un lugar moderno, elegante y donde se coma bien. Un restaurante donde se coma bien −La Barceloneta −dice Pepa− es el barrio marítimo de Barcelona, donde antes vivían los pescadores. En lo más alto de una torre, frente al mar, hay un restaurante de cocina marinera y mediterránea. Es un poco caro, pero desde allí se ve toda la ciudad. −Interesante. Me gusta el mar. ¿No conoces nada de Barcelona? −No. −¿Y España? Hablas muy bien español. −Mi madre es española. Pero no es la primera vez que vengo aquí Y pasado mañana, voy a Madrid. −Madrid… Pepa piensa en Carlos. Se para en un semáforo en rojo y marca otra vez el número del móvil de su pareja. No hay respuesta. Decide aparcar en un párking e ir andando hasta el restaurante. Voy andando hasta la playa No hace calor y sopla un poco de viento del mar. Las luces se reflejan en el agua tranquila del puerto. El paseo es agradable. Las terrazas de los bares y restaurantes al aire libre están llenas de gente. Albert mira el mar. Las mujeres y dos hombres sentados en la calle miran a mi mujer Y también a Pepa, claro. Con envidia. Pepa lamenta no haberse cambiado de ropa. Pienso que debería cambiarme de ropa Le gusta ir cómoda, especialmente cuando trabaja, así que lleva zapatillas deportivas, unos vaqueros, una camiseta de algodón y una cazadora de cuero. Me gusta llevar ropa cómoda Pero en su armario hay cosas mejores. Ella suele ir a tiendas informales, donde siempre encuentra y compra ropa barata y original. Solemos ir a tiendas informales y baratas La semana pasada se compró un vestido negro que le queda muy, muy bien, con los zapatos de tacón también negros… Pero, bueno, ¡no importa! Llevó un vestido negro que le quedaba bien El portero que abre la puerta del ascensor para subir al restaurante, la chica que guarda sus chaquetas, el joven que les acompaña hasta la mesa, la maître que les toma nota de lo que van a comer… Todos, todos están pendientes de Albert. Ella es invisible. «Solo soy su chófer», piensa resignada bebiéndose de un sorbo la copa de cava de bienvenida. El lugar ha sido una buena elección. Barcelona de noche, desde una altura de 75 metros sobre el mar, es impresionante. La comida es buena. La bebida también. Los dos están relajados. Toman café y fuman mirando el mar. −¿Tenemos que volver a nuestro hotel −pregunta Pepa. Ha bebido demasiado. Es muy poco profesional. No tengo ganas de conducir tantos kilómetros. −No. Tengo una reserva en un hotel de aquí, de Barcelona. En el Hotel Casa Fuster. ¿Sabes dónde está? «Buff, qué bien», piensa Pepa, feliz. −¡Claro! Está cerca de mi casa. ¿Quieres ir ya a dormir o quieres dar una vuelta? −¿Una vuelta? −pregunta Albert. −Pasear, tomar una copa… −Sí. Buena idea. Quiero conocer la ciudad de noche. Albert paga la cuenta y recoge el maletín que ha tenido durante toda la cena entre sus piernas. Salen a la calle. Todavía hay mucha gente en el paseo Juan de Borbón. Pepa está pensando adónde llevar a Albert. Estoy pensando adonde llevar a mi mujer Es una buena hora para el Buda Bar, un lugar que está muy de moda, pero es muy difícil aparcar cerca. −Es muy difícil encontrar aparcamiento en Barcelona… −empieza a explicar Pepa. En ese momento una moto con dos ocupantes pasa rozando por su lado. El maletín de Albert cambia de manos. −¡Eh, eh! −grita Albert, señalando la motocicleta que se pierde entre los coches. −¡Hostia! −dice Pepa− El clásico tirón. ¡Qué cabrones! ¡No es posible! −Albert está muy nervioso− ¡Tenemos que hacer algo! Es… El maletín es muy, muy importante. Hay que recuperarlo, qué podemos hacer? ¿Qué podemos hacer? −Poca cosa. Puedes ir a la policía, pero… −No, no. La policía no sirve. −Ya… Pepa no tiene muy buen concepto de la policía y, además, ¿cómo vas a denunciar el robo de un maletín lleno de droga? −Tienes que ayudarme. Por favor… −pide Albert. −¿Qué quieres que haga? En Barcelona hay miles de chorizos. −¿Qué? −Chorizos son ladrones. Roban bolsos, carteras… −Los «chorizos» me han robado el maletín. Necesito mi maletín. −¿Qué llevabas? ¿Dinero? −No. Muestras. −¿Muestras? ¿De qué? −Pepa, gracias a la información de su amigo Raúl, tiene una idea muy exacta de lo que contiene el maletín, pero quiere ver qué se inventa Albert. −Es difícil explicarlo, pero tienes que ayudarme a recuperarlo. Te pagaré muy bien. Tú debes de conocer a gente. «Chorizos» −dice con un acento muy gracioso. −Hombre… −Pepa piensa en Raúl y sus colegas−. A alguien conozco, pero no sé yo… −Haz lo que puedas. Por favor. Llama. ¡Vamos! Pepa llama. Una. Dos. Tres veces. Raúl está durmiendo o completamente colocado. O quizás ha perdido el móvil. Raúl lo pierde casi todo. Es un gran perdedor. −La persona que puede ayudarnos no contesta, pero sé dónde encontrarle. Vamos a buscar el coche. −Mira. La catedral. Está preciosa, de noche −suben por Vía Laietana y Pepa señala a su izquierda. Albert mira, pero no dice nada. No está para monumentos… Llegan a Gracia. Entran en el garaje de la Plaza del Sol. Raúl no se ve por ninguna parte, pero ella sabe dónde encontrarlo. Va hacia un cuartito que hay al fondo, donde prácticamente vive Raúl. Ahí está. Rodeado de latas vacías de cerveza, colillas y revistas de coches. Echado en un viejo sofá que sirve de cama, con los ojos cerrados y la boca abierta. Parece que está muerto. Sin embargo, la camiseta con la inscripción «Solo los peces muertos siguen la corriente del río», sube y baja al ritmo de su respiración. Pepa se acerca. −¡Raúl! ¡Raúl, tío! ¡Despierta! Raúl abre un solo ojo y sonríe con cara de bobo. Pepa tira de su camiseta. −¡Levántate! ¡Despierta! Raúl abre el otro ojo. Se frota la cara. No te frotes la cara Pepa le tiende un cigarrillo y se lo enciende. Raúl ve a Albert y pone cara de sorpresa. −¿Y este quién es? −Un amigo. Se llama Albert. Tiene un problema. En la Barceloneta dos tíos en una moto le han dado un tirón y le han robado el maletín. Tenemos que recuperarlo. −¡Jo, pues lo lleváis claro! −Seiscientos euros si nos ayudas −Pepa mira a Albert. Albert con la cabeza dice que sí. −En la Barceloneta, ¿no? Llamaré a Doro. ¿Qué hay en el maletín? ¿Pasta? Albert pone cara de no entender. −Él dice que son muestras… −dice Pepa. −¿Muestras? ¿Muestras de qué? −¿De qué son las muestras, Albert? −pregunta Pepa. −Productos químicos. De laboratorio. −Entiendo −dice Raúl y le guiña un ojo a Pepa−. El mismo «producto químico» que había en tu taxi… Raúl se levanta perezosamente. Qué había en tu mochila? Coge el teléfono e intercambia unas cuantas palabras con alguien.

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