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Cenizas Calientes, Cenizas Calientes 2 – Text to read

Cenizas Calientes, Cenizas Calientes 2

Anfänger 2 Spanisch lesson to practice reading

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Cenizas Calientes 2

Capítulo 2 «¿Qué coño voy a hacer yo en Madrid?», se pregunta Pepa mientras conduce. Ve que el próximo semáforo está en amarillo y, como de costumbre, acelera para pasar antes de que se ponga rojo. Al mismo tiempo ve delante, cruzando la calle, un cochazo rojo. Frena. Frena. ¡Freeenaaaa! Pero el Octavia choca fuerte contra el Ferrari. ¡Mierda! −dice Pepa, y se tapa la cara con las manos. La parte de delante de su coche está hundida en el lateral del otro. Suenan cláxones. Frenazos. A lo lejos se oye una sirena. Pepa sale y mira. «¡Dios mío! El Ferrari está destrozado. ¿Están heridos los pasajeros?» Al momento tiene respuesta. Las dos puertas se abren y dos hombres altos, muy bien vestidos, van hacia Pepa. Dos hombres van hacia Pepa Afortunadamente no les ha pasado nada. −Lo siento, lo siento muchísimo −se disculpa Pepa nerviosa−. ¿Están bien…? Yo… El seguro… Tenemos que avisar del accidente a la compañía de seguros. Los dos hombres, que parecen modelos o actores de cine, miran los coches y uno de ellos, que lleva un maletín, mueve la cabeza y le dice algo al otro en un idioma que a Pepa le parece alemán, pero que, en realidad, es holandés. Uno de los dos hombres le dice algo al otro Luego, en un castellano bastante bueno, le pregunta a Pepa: −¿Tu coche está bien? ¿Funciona? −Creo que sí −contesta Pepa, sorprendida. −Vamos a verlo. Pepa obedece. Pone en marcha el motor, pone marcha atrás y se separa del Ferrari. Apaga el motor, frena y sale. Apago el motor y salgo.. El Octavia tiene abollada la parte delantera y un faro roto. Tengo abollada la parte delantera del coche Poca cosa. El Ferrari, en cambio… −Tenemos que hacer el parte del accidente, para la compañía de seguros, quiero decir… −les dice a los hombres. −No. No hace falta. No importa −el del maletín le dirige a su compañero unas palabras−. Mi amigo se ocupará del coche y del papeleo… −Sí, pero… −intenta interrumpir Pepa. No tengo que ocuparme del papeleo por el seguro −Yo tengo prisa. ¿Tú puedes llevarme? «¡Vaya tío! ¡Qué guapo! Se parece a Brad Pitt, pero es aun más elegante… Al fin del mundo te llevaría…», piensa Pepa, olvidándose por completo de que hace un minuto su Skoda estaba empotrado en un Ferrari. −Me llamo Pepa −cambia el cartel de «libre» por el de «ocupado»−. ¿Adónde vamos? Por el espejo retrovisor ve al hombre, sentado detrás, con el maletín a su lado. Si no te importa me siento detrás −Yo me llamo Albert. Vamos a Castelldefels. Y rápido, por favor. Tengo mucha prisa. Llegan a la Plaza de España. Pepa piensa en el accidente. −Oye, de verdad, no sabes cómo siento lo que ha pasado. Lo siento por lo que ha pasado Supongo que el coche, el Ferrari, está a todo riesgo… −Albert no la entiende−. Hablo del seguro. Quiero decir, que el seguro va a pagar la reparación, ¿no? −«Porque debe de costar un montón de dinero», piensa. −Es de alquiler. Y tiene seguro… −¡Ah, claro! No me he fijado. La matrícula es española. Y tú, ¿de dónde eres? De Nueva Zelanda. «Ahora yo digo: “¡Qué lejos! Las antípodas…” y todo ese rollo, y el tipo piensa que soy la típica taxista con cerebro de mosquito.» Pepa está impresionada y quiere impresionar. «En estos casos, hagas lo que hagas, siempre pareces una imbécil.» Recuerda la opinión que tiene Carlos de los taxistas y acepta que su novio tiene un poquito de razón. Haga lo que haga siempre se queda un tonto «Este adonis vestido como para un desfile de moda, no va a fijarse en mí, diga lo que diga. Por tanto, mejor tener la boca cerrada». −¿Dónde te dejo exactamente? −pregunta al ver la señal en la que pone «Castelldefels 2 km». −Sigue. Sigue recto −Albert se inclina hacia delante con una encantadora sonrisa. Pepa gira la cabeza y le mira−. Oye, ¿puedes trabajar para mí durante un par de días? −Pepa pone cara de sorpresa y él sonríe con unos dientes de anuncio de Colgate −. Voy a pasar dos o tres días en Barcelona y necesito un coche. Te contrato full time. ¿Qué te parece? −Bien −a Pepa las novedades siempre le parecen bien, y más si vienen de parte de un tío como ese−. Full time… ¿quiere decir día y noche? −Sí. Te pago el doble. A lo mejor solo lo necesito unas veces Pero puede ser más −Albert señala un hotel en la carretera−. Me quedo aquí. ¿Me das tu teléfono? «Mi teléfono y todo lo que tú quieras…», piensa Pepa. −Sí, claro… Seis, seis, cinco, dos, cuatro… Albert marca el número en su móvil. Después, saca del bolsillo del pantalón un montón de billetes de cien euros, cuenta diez y se los da a Pepa. Se los puedes dar a la camarera −Por el viaje y un anticipo −el taxímetro marca sesenta euros−. ¿Te parece bien? Me parece bien −Sí, sí, claro. Bueno, pues… Me llamas, ¿vale?

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