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Radio Ambulante, Los 43 + 11 (2)

Los 43 + 11 (2)

Seis agentes, todos armados, los cuidaban, y había uno que era particularmente agresivo. Mientras manejaban, ya alejándose de la Ciudad de México, este agente les iba diciendo…

Laurence Maxwell: “Los vamos a llevar a Ayotzinapa y allá los vamos a trozar en pedacitos y los vamos a quemar” y después dice: “Pero en realidad mejor los tiramos de a uno de la camioneta y les damos un balazo y nos ahorramos tiempo y no sé qué…”

Dennis Maxwell: “Aquí ya no hay derechos humanos”, les decían. “Aquí podemos hacer con ustedes lo que queramos.”

No sabían bien hacia dónde los llevaban, pero en un momento, mi hermano alcanzó a ver que pasaban por el peaje de la carretera hacia Puebla. Los policías bromeaban que se iban a comer un ceviche esa tarde y entonces Laurence dedujo que iban a la costa, probablemente a Veracruz.

Laurence Maxwell: Yo creo que en gran parte ese viaje era para infundirnos terror, así, para atemorizarnos, para tener una incertidumbre de cual iba a ser nuestro paradero, qué iba a pasar con nosotros, con nuestro destino. O sea mantenernos en la mayor incertidumbre posible.

Dennis Maxwell: Era un grupo especial de la PGR, la Procuraduría General de la República. Pero según Laurence, se portaban como criminales.

Laurence Maxwell: Hablaban de la droga que habían incautado y que habían probado y que estaba rebuena. Hablaban de robar casetas, de distribuirse la plata; o sea, eran unos delincuentes con uniforme, con placa, digamos, ¿no?

Dennis Maxwell: Uno de los agentes, al que le decían El Cuervo, se ensañó especialmente contra mi hermano.

Laurence Maxwell: Y todo el tiempo me decía: “Vamos a parar la camioneta y te voy a romper tu madre, cabrón. ¿Por qué estás acá en México? ¿Por qué vienes aquí a hacer cosas que no te corresponden?”

Dennis Maxwell: En un momento se cambió de lugar con otro agente, para sentarse delante de Laurence. Le comenzó a pegar, una y otra vez…

Laurence Maxwell: Y después sacó su celular y mientras me golpeaba, grababa un video y me decía: “Saluda aquí a tus compañeros chilenos, saluda a los estudiantes chilenos que va a ser el último saludo que tú les vas a poder dar. Lo voy a subir a Facebook,” decía.

Dennis Maxwell: Así fue, todo el viaje. Lo único que le daba cierta tranquilidad a Laurence era que se había visto con el cónsul chileno. Pensaba: “No. No me va matar este hijo de puta. No puede. Si el cónsul ya sabe que estoy aquí. No sería lógico matarme”.

Los otros detenidos, los mexicanos, ni siquiera tenían eso. La memoria de los desparecidos de Ayotzinapa los atormentaba.

Fueron cuatro horas de terror, hasta que llegaron a Cefereso 5 Oriente, una cárcel de alta seguridad en el estado de Veracruz.

[Música]

Al día siguiente, el domingo, yo estaba viajando a México. Lo más importante para mi era ver a mi hermano. Pero no era tan simple. Llegué tarde y me reuní con algunos de sus amigos que se estaban organizado. Cuando llegué, ya tenían en sus manos una prueba importante: un video tomado de un celular del momento mismo de la detención de Laurence.

Me lo mostraron esa misma noche que llegué. Es oscuro y un poco caótico.

[Audio de video]

Pero se ve claramente a la policía tratando de despejar a los manifestantes y a Laurence, tal como él lo había narrado en su declaración, amarrando su bicicleta a un costado de la catedral. Al ver las imagenes me sentí mucho más tranquilo y con esperanza de que se podría demostrar su inocencia.

Pero tenía que ser realista también. Un video borroso de celular no iba sacarlo de la cárcel.

Al llegar a la cárcel de alta seguridad pudieron conversar un poco entre ellos. Decidieron cuidarse mutuamente, no separarse, mantenerse alerta. Solo tuvieron unos minutos a solas, y poco después comenzaron los trámites burocráticos de su encarcelamiento.

Les habían puesto grilletes en los pies y en las manos, después les quitaron la ropa que llevaban puesta, les tomaron fotos y huellas y les cortaron el pelo. Y luego les asignaron una celda.

Laurence Maxwell: Y ahí ya nos quedamos un poco más tranquilos porque finalmente no nos pasan a la población penal inmediatamente sino que estamos en un régimen como de aislamiento en que estamos dos por celda.

Dennis Maxwell: Y les dijeron que no se sabía cuánto tiempo podría estar ahí. Podía ser una semana, o un mes.

[Música]

A mi hermano le tocó compartir una celda con Juan Daniel, el más jóven de los detenidos. Acababa de cumplir 18 años y estaba destruído.

Laurence Maxwell: Entonces a mi me tocó la labor también, bueno, de subirle un poco el ánimo.

Dennis Maxwell: Los abogados de Laurence me habían dicho que mi labor, al ver a mi hermano, sería la misma. Me dijeron una y otra vez que lo más importante era no quebrarme delante de él, que no le demostrara ninguna debilidad. Debía hacer el esfuerzo por transmitirle cierto optimismo.

El lunes temprano partimos rumbo al penal.

El pueblito justo antes de llegar al penal parecía un escenario abandonado de una película de vaqueros, olvidado en el mitad de la nada. Para entrar a la cárcel hay que llenar una serie de papeles. Hora, fecha, firma, el nombre del preso que vas a visitar, documentos. Y no una vez, sino diez. Luego me revisaron con detectores de metal, caminé un par de cuadras, y entré en el pabellón número 5.

Me llamaba la atención cuán limpio estaba todo. Había unas mujeres que trapeaban y el olor a desinfectante mareaba.

Me obligaron a bajarme los pantalones hasta las rodillas, levantarme la camiseta para mostrar que no tenía armas. No se permiten los zapatos con cordones, entonces tuve que entrar con unas chanclas prestadas, inmensas, que me quedaban como zapatos de payaso. Y después de caminar por varios pasillos llegué a una caseta donde estaba otro gendarme tras un grueso vidrio antibalas. Me abrió otra reja, y finalmente pasé a la sala donde tenía que esperar a mi preso. Mi hermano.

Laurence Maxwell: Me sacan de la celda y me dicen: tienes visita. Y de… puta, super contento, muy contento de poder ver a alguien de mi familia. Además la emoción de encontrarnos, de vernos, ¿no? de poder… bueno tocarnos no, porque era en un locutorio que había un vidrio solamente podíamos hablar a través de unas ranuritas en el vidrio.

Dennis Maxwell: Teníamos solo 45 minutos.

Laurence Maxwell: Yo no tenía idea nada de lo que estaba pasando. Entonces era un oportunidad importante de saber, en qué iban las gestiones, qué es lo que estaba pasando en Chile.

Dennis Maxwell: Y esa era la noticia que yo le traía. En Chile, el caso de mi hermano estaba en todos lados: en las noticias, en las redes sociales.

Noticiero de Chile: Libertad para Laurence Maxwell exigieron los familiares y amigos afuera de la embajada de México en Chile….

Dennis Maxwell: Su reputación como dirigente estudiantil en los 80 le sirvió bastante. La gente se acordaba de él, y sus compañeros de lucha de aquellos años, ya son gente grande, que tienen posiciones de poder en el gobierno.

Noticiero Chile: Rechazar el actuar del estado mexicano respecto a cómo se trata además lo manifestantes…Acompañar a la familia de Laurence en este momento tan duro, esta injusticia tan grande… Pero los gestos no solo han llegado desde la sociedad civil, sino que también del gobierno de Chile…

Dennis Maxwell: Era lo más importante que le podía decir. Que el país se había acordado de él. Que mucha gente se estaba movilizando por su libertad. Estaba mi hermana desde Francia, los amigos y la familia en Chile, sus compas en México, nuestra hermana y mi esposa en San Francisco. Una gran cadena humana gestionando su salida.

Esa fue la información que se llevó de vuelta a su celda, y a los otros detenidos.

Laurence Maxwell: Entonces cuando me llevan de vuelta a la celda, todos querían saber, todos los otros chavos querían saber. Nos gritabamos hacia al patio -no nos podíamos ver, pero nos podíamos oír. La gente se está moviendo, se están moviendo por todos nosotros, no solamente por el chileno, sino se están moviendo por los once.

Dennis Maxwell: Esto ya se estaba discutiendo a altos niveles, entre gobiernos, entre cancilleres. Eso me queda claro. Incluso se consideró la opción de la deportación para apresurar su salida, pero finalmente esta propuesta no llegó a nada.

Sin embargo, el gobierno mexicano no los soltaba.

[Música]

Después de visitar a mi hermano nos dirigimos con los abogados rumbo a Xalapa, la ciudad donde esta el juzgado que llevaba el caso.

Estábamos corriendo contra el tiempo. Era lunes, y sólo teníamos hasta el viernes en la mañana para presentar pruebas, encontrar testigos, y preparar los argumentos para la defensa.

Los días que siguieron casi no dormí. Entre reuniones con los abogados, entrevistas con medios de prensa chilenos y mexicanos, no había posibilidad.

El jueves llegó mi padre de Chile, y fue un gran apoyo. Creo que no hubiera sobrevivido hasta el día del veredicto sin él. Pero lo logramos. El sábado, el juez tenía que decidir si les daba la libertad a los once detenidos o los dejaba en la cárcel, sometidos a un proceso que podría durar años.

Veía el cansancio y la preocupación en la cara de mi padre. Yo estaba igual. Quedaban sólo un par de horas para saber la decisión del juez, pero esas horas fueron eternas por la angustia que sentíamos.

[Música]

Estábamos frente al juzgado, en Xalapa, con los familiares de los otros presos y los abogados. Estaba también el cónsul, el embajador, muchos periodistas, y un gran número de gente que se solidarizó con los detenidos y que llevaban ahí varios días en un plantón. Ellos tenían música, y gritaban consignas por la libertad de los once. Los nombraban uno por uno. Era emocionante sentir el apoyo de la gente.

[Audio de plantón]

En un momento vi al cónsul, muy nervioso. Salió corriendo y entró al juzgado. Tratamos de seguirlo pero los guardias de seguridad no nos dejaron entrar. Pasamos varios minutos, mi papá y yo, esperando. Hasta que finalmente sonó el teléfono. Era el cónsul, y tenía noticias:

Dennis Maxwell: Dime, ¿cuál es…cuál?…¿¡Libre de todos los cargos?! ¿¡En serio?! Confirmado con el juez.

Alberto Maxwell: O sea, está libre…

Dennis Maxwell : No mencionó nada de forma oficial pero a usted le dijeron eso, que está libre de todos los cargos. No sabe la…es la mejor noticia que me puede haber dado señor cónsul. Se lo agradezco mucho.

Alberto Maxwell: Wow…wow…disculpa [sollozos]

Dennis Maxwell: Minutos después, el embajador de Chile leyó la resolución final del juez:

Embajador de Chile en México: Siendo las nueve horas del 29 de noviembre del 2014 se dicta auto de libertad por falta de elementos para procesar a favor de, uno: Roberto Cesar Jasso de Angel, dos Isaac Domínguez.. , seis, Laurence Maxwell Ilbaca, siete, Luis Carlos…Por pruebas insuficientes para acreditar los elementos del cuerpo del delito de…

[Gritos de “¡Sí se pudo!”]

Dennis Maxwell: Al mismo tiempo llegaba la noticia al penal, a oídos de los once.

Laurence Maxwell: Y entonces el actuario nos dice: «Bueno, les traigo buenas noticias. La última notificación –lo que acaba de decidir el juez– y es que todos quedan en libertad». Ya, y ahí, bueno, ya estábamos todos juntos y nos abrazamos. Habían unos bien emocionados. Yo siempre con mis reservas. Hasta no estar afuera no iba a sentirme plenamente seguro y confiado.

Dennis Maxwell: Y nos fuimos a esperar a que los dejaran libres. Todos los que estábamos frente al juzgado -incluido el cónsul y el embajador- partimos en caravana hasta el penal, que en carro está como a una hora de distancia.

En el viaje, el embajador nos iba contando de cuando estuvo preso después del golpe militar en Chile.

Embajador de Chile en México: Uno nunca se olvida del momento en que lo dejan libre.

Queda absolutamente marcado para el resto de su existencia. El momento justo cuando te dicen: “Se puede ir”. Y me imagino lo que debe estar sintiendo tu hermano, cuando sabe perfectamente que en pocas horas más va a sentir la libertad como parte muy sustantiva de su vida.

Dennis Maxwell: Pero la pesadilla no había terminado. Al llegar al penal nos dicen que a Laurence por ser extranjero lo llevarán a la ciudad de Veracruz, para que el Instituto Nacional de Migración verifique su estado legal en México.

Laurence Maxwell: Y ahí entonces a mi me separan de los otros ocho, y me dicen: “Tú te vas primero y me sacan y me suben a una patrulla, y me ponen unas gafas negras y un casco, y me sacan a toda velocidad, evitando pasar por donde estaban las familias adelante, por un camino de tierra lateral. Y se van a toda velocidad por la…después por la carretera hacia Veracruz.

[Música]

Dennis Maxwell: Parecía que las autoridades intencionalmente querían prolongar nuestra angustia. Salimos, entonces, para el Instituto de Migración. El ambiente frente al edificio era muy tenso. La gente que venía a solidarizarse con mi hermano, los amigos, y la prensa, comenzaron a amontonarse en la calle frente a migración. Hasta nosotros llegaba el sonido de una manifestación que estaba a unas cuadras, en el Zócalo de Veracruz. Era una protesta por la desaparición de los normalistas.

En eso, un oficial salió del edificio y le dijo al cónsul que podía entrar, pero solo. Poco después sonó mi teléfono. Era el cónsul, y nos contó que mi hermano estaba allí, con él, y que podíamos estar tranquilos, que lo veríamos pronto.

Una hora después, Laurence salió por la puerta del edificio. Sus ropas estaban sucias, eran las mismas que estaba usando cuando lo detuvieron, 9 días antes. Se veía agotado.

Laurence Maxwell: Bueno, este…quiero por ahora solo decir que estoy muy emocionado por todo el apoyo que he recibido, el apoyo que recibí desde Chile. Especialmente a mi familia, a mi entrañable familia. Al consulado también, al cónsul que hace un trabajo increíble, al embajador. Y para terminar, estoy muy cansado, quiero descansar, y quizás después reflexionar un poco sobre todo lo que ha ocurrido y poder después hacer otras declaraciones. Ha sido una semana muy intensa…

Dennis Maxwell: A los dos días mi hermano estaba volviendo con mi padre a Chile. Finalmente la justicia había actuado. Pero de todas maneras sintió que tenía que irse.

Laurence Maxwell: Todo eso fue un proceso de shock, ¿no?, como de mucha intensidad emocional que de la cual me ha costado recuperarme hasta ahora. O sea, claro, esas amenazas quedaron en el aire, quedaron flotando en el aire. Y no es grato vivir con temor ni estar permanentemente preocupado, ¿no? Por eso yo también decidí salir de México.

[Música]

Dennis Maxwell: Al día siguiente de dejarlos en el aeropuerto, volví a San Francisco.

Los once salieron libres, pero desde esa tarde en noviembre, me ha quedado esta duda:

¿Que habría pasado si Laurence, un extranjero, no hubiera estado entre los detenidos?

¿Cuánta influencia tuvo la presión internacional? Sin ella, ¿hubiera reaccionado igual la justicia mexicana?

Estas preguntas son imposibles de responder, pero no se me hace difícil de imaginar que los detenidos del Zócalo seguirían ahí, presos y olvidados en una cárcel de alta seguridad.

Daniel Alarcón: Dennis Maxwell es periodista y documentalista. Vive en San Francisco, California.

En México, las protestas en solidaridad con los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa siguen hasta ahora. Sus familias están llevando el caso a un comité de las Naciones Unidas.

[Música]

Esta historia fue editada en equipo por Silvia Viñas, Camila Segura, Luis Trelles, Martina Castro, y por mi, Daniel Alarcón. La mezcla y el diseño de sonido son de Martina, con el apoyo de nuestras excelentes pasantes de producción, Caro Rolando y Constanza Gallardo. Un agradecimiento especial a Miguel Angel Astudillo, que grabó audio con la familia Maxwell en México, y a la Universidad Diego Portales en Santiago de Chile, por prestarnos sus estudios.

Además de los que ya he nombrado, el equipo de Radio Ambulante incluye a Claire Mullen, David Pastor y a Diana Buendía. Carolina Guerrero es la directora ejecutiva.

Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Para escuchar más, visita nuestra página web, radioambulante.org.

Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar.

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