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Radio Ambulante, Confesión (1)

Confesión (1)

Radio Ambulante cuenta con el apoyo de la Fundación Sara y Evan Williams y la fundación Panta Rhea.

Ángel González: Hay muchas lagunas, cosas que no recuerdo. Pero lo que recuerdo es que me sacaron del auto, me esposaron, me pusieron en la luz de la patrulla. De ahí me llevaron al police station.

Daniel Alarcón: Este es Ángel González, un hombre mexicano que fue acusado de violar a una mujer en Waukegan, Illinois, al norte de Chicago. El mismo día del crimen fue arrestado. Y ahí quedó, en la cárcel, por años.

Ángel González: Y yo creo que nunca te adaptas a vivir en ese lugar. Siempre tienes que estar alerta, cuidándote. Pero, como digo, en mi caso es aún más serio, entonces te ven como…eres lo peor de la sociedad de prisión, por decirlo así.

Daniel Alarcón: Bienvenidos a Radio Ambulante, soy Daniel Alarcón. Nuestra productora Silvia Viñas habló con Ángel y nos cuenta su historia.

—-

Silvia Viñas: En el verano de 1994, Ángel tenía 20 años. Estaba saliendo con una chica, Karina.

Ángel González: Teníamos planes de casarnos. Yo ya había hablado con su familia para pedirle permiso, entonces no más estábamos esperando un tiempo para planear todo.

Silvia Viñas: La noche del 10 de julio habían ido a visitar a Myrna, la hermana de Karina. Vieron una película, charlaron…hasta que llegó la hora en que Ángel tenía que ir a dejar a Karina a su casa.

Ángel González: Y yo recuerdo que cuando salimos del apartamento había unas…police cars ahí afuera.

Silvia Viñas: Myrna se preocupó al ver las patrullas. Pero Ángel y Karina se tenían que ir, así que los dos salieron del estacionamiento en el auto de Ángel –un Cadillac del 79, oscuro, con ventanas polarizadas.

Ángel González: Cuando la dejé en su casa, yo iba para la casa mía y es cuando me paró la policía.

Silvia: El oficial, con pistola en mano, lo hizo salir del auto. Lo esposó y lo metió en el asiento de atrás de su patrulla. Ángel no entendía por qué lo estaban deteniendo.

La detención se basaba en la descripción de su auto: un sedán antiguo, oscuro, con ventanas polarizadas. Era la descripción que había dado una mujer que vivía en el mismo edificio de Myrna. La mujer había sido violada esa misma noche, unas horas antes.

Antes de contarles más sobre ese crimen, deben saber esto: Ángel no recuerda todos detalles de esa noche. Fue hace más de 20 años, y ha tratado de olvidarlo. Así que los detalles que les voy a contar vienen de un reporte oficial que armaron sus abogadas.

Ese 10 de julio de 1994, en algún momento entre las 9:15 y las 10 de la noche, dos hombres secuestraron a una mujer de 35 años.

La mujer había llegado a su casa unos cinco minutos antes del secuestro.

Entró a su departamento en el segundo piso, prendió la luz y empezó a escuchar los mensajes en su contestadora.

Sonó el citófono, y pensando que era un amigo, apretó el botón para abrir el portón del edificio. Nadie subió, así que decidió bajar, por si el citófono estaba dañado.

A través del vidrio del portón vio la silueta de dos hombres. Pensó que eran su novio y un amigo, así que abrió la puerta. Pero del otro lado se encontró con dos desconocidos. Los hombres la agarraron, la metieron en un auto y la llevaron al patio de unas casas donde los dos la violaron.

La mujer, desorientada y traumatizada, empezó a caminar tratando de buscar ayuda. Por fin llegó a una tienda, pasada ya la media noche. Lloraba desconsolada. Llegó la policía y después de tranquilizarla un poco, la víctima dio una primera versión del ataque.

Su descripción de los atacantes era muy general: dos hombres hispanos, de unos 25 años, estatura y peso promedio, con pelo oscuro. Y describió el auto en el que la habían secuestrado como un modelo sedán antiguo, oscuro, de cuatro puertas, con las ventanas polarizadas. Sí, como el de Ángel.

El novio de la víctima había llegado al departamento y ya había hablado con la policía; sabía de la descripción general del auto y de los asaltantes. Entonces cuando vio el auto de Ángel saliendo del estacionamiento, en seguida le dijo a la policía que le parecía que ese auto no era de ahí. Los policías trataron de perseguir a Ángel, pero no lo alcanzaron. Anotaron la placa del auto, y un rato después lo detuvieron.

Mientras Ángel esperaba en el asiento de atrás de una patrulla, otros policías traían a la víctima a la escena de la detención, para que identificara a Ángel y al auto. Cuando llegó la víctima…

Ángel: Recuerdo que me sacaron del auto y me pusieron en la luz de la patrulla.

Silvia: La policía lo paró en frente del auto donde estaba sentada la víctima. El foco delantero lo iluminaba. Tenía las manos esposadas detrás de su espalda. La víctima, desde el asiento de atrás, lo identificó como uno de los dos hombres que la había atacado.

La víctima, en su descripción inicial, no había incluído vello facial, ni ninguna marca distintiva en la cara de sus atacantes. Ángel en ese tiempo llevaba barba de candado y tenía una mancha de nacimiento debajo del ojo derecho. Además, la víctima había dicho que el asaltante era unos centímetros más alto que ella –pero Ángel era más bajo. En lo único en que Ángel coincidía con la descripción era en que es hispano y tiene el pelo oscuro.

Pero a la policía lo que le importaba en ese momento era que la víctima lo había identificado. Así que el policía metió a Ángel de vuelta en la patrulla y se lo llevó detenido.

En la estación de policía le quitaron la ropa y le pusieron un overol de papel. Estuvo detenido durante el resto de esa noche, y no logró dormir nada. Estaba asustado. Y su inglés era muy limitado.

Ángel había llegado a Estados Unidos unos 6 años antes, cuando tenía 14. Es el mayor de cuatro hermanos, y llegó a Estados Unidos para reunirse con su papá. Pero desde los 15 empezó a vivir solo.

Ángel: Por eso tal vez me sentía un poco más libre, porque pues podía sobrevivir, entonces me sentía, ok, puedo hacer lo que quiero. Me sentía como un adulto.

Silvia: En esos años antes de la detención, Ángel trabajó en restaurantes, en fábricas…Vivió un tiempo en California, donde trabajó en campos de uvas. Pero nunca fue a la escuela, y por eso, cuando lo arrestaron, tenía un inglés muy precario.

A la mañana siguiente de su detención, a eso de las 10, empezaron a interrogarlo. El caso se lo asignaron a dos detectives: Artis Yancey y Lou Marquez. Marquez hablaba español, pero el que empezó a interrogarlo fue Yancey — en inglés.

Lo interrogaron en un cuarto pequeño. Llevaba detenido 9 horas, y no había dormido por más de 24 horas.

Ángel no tenía antecedentes penales. Comenzó la interrogación afirmando que era inocente. Yancey le dijo que la víctima lo había identificado como uno de los atacantes, y empezó a describir el crimen. Esta es Vanessa Potkin, la abogada principal en el caso de Ángel:

Vanessa Potkin: Bueno, eso ya es un problema. Si eres un oficial, no puedes empezar a describirle el crimen a la persona que estás interrogando. Es decir, ¿los detalles que te da vienen de lo que tú le dijiste? ¿o de la persona misma?

Silvia: Vanessa trabaja para el Innocence Project, una organización sin fines de lucro que ayuda a personas que han sido condenadas injustamente. Me contó que no hay un video de la interrogación, por lo que no sabemos qué pasó exactamente en ese cuarto. Solo hay algunos reportes de ese día y de lo que se dijo durante el juicio. Los detectives admitieron algunas cosas. Por ejemplo, que Yancey le había dado a Angel detalles del crimen.

Ángel le contó a los detectives lo que había hecho esa noche, dando información específica sobre Karina y Myrna, pero los detectives no investigaron esas declaraciones.

Vanessa Potkin: Y el oficial incluso admitió que nada lo habría hecho cambiar de parecer. Ellos creían que él lo hizo y el propósito de la interrogación y las preguntas no era llegar a la verdad, sino sacarle una confesión.

Silvia: Según las declaraciones de Yancey, el momento decisivo fue cuando le dijeron a Ángel que tenían a dos testigos y evidencia que probaba que estaba mintiendo. Eso no era verdad.

Marquez tomó el puesto de Yancey y empezó a interrogar a Ángel en español — ya eran la 1, 1:30 de la tarde. Llevaba 12 horas detenido. Marquez le pidió a Ángel que escribiera una declaración.

Desesperado porque lo dejaran ir, y pensando que durante el juicio podría probar su inocencia, Ángel escribió algo muy breve, con pocos detalles. En su declaración decía que había recogido a un amigo, que habían ido a la casa de Myrna, y que cuando la víctima salió la agarraron, la llevaron a un parque y la violaron. Primero él y después su amigo. Dice que después dejó a su amigo y regresó a la casa de Myrna, donde estuvo hasta las 12:15 de la noche. Nada más. No da más detalles.

Pero Marquez también escribió una declaración, en inglés, y mucho más larga. Se supone que era una traducción de la confesión de Ángel, pero es diferente.

Ángel: Yo escribí como unas tres líneas y él lo hizo muy grande, diciendo en sus propias palabras porque en realidad yo no sabía nada.

Silvia: La declaración que escribió Marquez incluye hechos que no coinciden con el propio testimonio de la víctima. Por ejemplo, el reporte de Marquez dice que los hombres agarraron a la mujer y que ella trató de gritar, entonces le cubrieron la boca. Pero la víctima nunca declaró haber gritado, o que le hayan cubierto la boca mientras la arrastraban al auto. La víctima contó que la violaron en dos sitios diferentes. Pero en esta declaración que escribió Marquez solo se nombra un lugar: el parque que mencionó Ángel en su confesión–que por cierto, no es ninguno de los dos sitios donde ella dijo que fue el ataque.

A eso de las 4:30 o 5 de la tarde –7 horas después de que lo habían llevado al cuarto de interrogación– filmaron un video, donde Ángel firma la declaración que había preparado Marquez.

Ángel: Voy a poner lo que sea y déjame ir y voy a corte, es lo que yo pensaba: voy a corte, en frente del juez, y en frente de las víctimas –lo que había pasado no es.

Silvia: Antes del juicio se examinó la evidencia del caso, como la ropa de la mujer, en un laboratorio. Pero el único resultado de ADN que obtuvieron coincidía con el de la víctima. En ese tiempo se usaba un sistema que ya es obsoleto y que requería mucho material biológico para obtener resultados. De todas maneras, el estado de Illinois le pidió al laboratorio que retuviera las muestras de la evidencia.

Ángel entró en prisión preventiva en una cárcel local mientras esperaba su juicio. Por mientras, su mamá y sus tres hermanos seguían en México. María, su mamá, no sabía lo que había pasado.

Ella estaba esperando que Ángel le escribiera. Pero no llegaba nada. Un día María iba a mandarle una carta y se encontró con una vecina que le empezó a hablar de Ángel.

María González: Y ya me dice, “¿qué no sabes lo que le pasó?”. “¡Ay! ¿qué le pasó?” “Ay, no, si no sabía”, dice…ya no te digo nada. “¡Pues ahora me vas a decir! ¿qué pasó?”. Decía, “ay”, dice, “pues que lo tienen detenido”.“¿Y eso cuándo pasó?” Y yo sentí que me sumí. Y ya pues me fui llorando pa mi casa.

Silvia: Su esposo no le había contado sobre Ángel porque no quería sobrecargarla con preocupaciones. Una de sus hijas estaba recién operada de la garganta, llevaba días sin comer.

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