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Español con Juan, Una maldita pregunta – Text to read

Español con Juan, Una maldita pregunta

Mittelstufe 1 Spanisch lesson to practice reading

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Una maldita pregunta

Desde hace algún tiempo, veo que algunas personas, algunos profesores de idiomas en particular, piden a sus estudiantes que no hagan nunca la pregunta ¿de dónde eres? (where are you from? ).

Según estos profesores, esa pregunta puede ser malinterpretada por algunas personas que están estudiando un idioma y les puede hacer pensar que no hablan bien, que su acento no es bueno, que pronuncian mal…

Imagina que alguien está estudiando inglés y quiere vivir, digamos, en EEUU, por ejemplo. No solo quiere vivir en EEUU, sino que además quiere integrarse en esa sociedad, en la sociedad norteamericana; quiere asimilarse, quiere formar parte de esa sociedad y ser considerado un ciudadano o una ciudadana de ese país, con todos los derechos.

Para esta persona, hablar inglés es superimportante. No solo hablar inglés, sino hablar inglés muy bien, a nivel nativo. Esta persona lo que quiere es que su acento, su forma de hablar, su pronunciación, sea igual a la de los nativos.

El problema es que conseguir un nivel tan alto en un idioma extranjero es muy difícil. No se puede lograr de la noche a la mañana. Lleva tiempo. Cuesta mucho trabajo, cuesta mucho esfuerzo.

Es posible que esta persona que quiere hablar a nivel nativo, se sienta muy insegura de su inglés. Es posible que no se le dé bien el inglés o que tenga dificultades para pronunciar ciertas palabras y ciertos sonidos. Tal vez en el pasado se burlaron de él por los errores que cometía, tal vez tenga una baja autoestima o un complejo de inferioridad con respecto a otras personas y quizás quiere aprender inglés muy bien para sentirse mejor consigo mismo, para aumentar su autoestima…

O sea, para esta persona hablar inglés muy bien es muy importante y tú desde fuera no puedes saber todo lo que le pasa a este hombre o a esta mujer por la cabeza. Nosotros, desde fuera, desde el exterior, no podemos conocer los miedos, los traumas, las inseguridades o las frustraciones que puede tener esta persona dentro de sí.

Entonces, si tú a esta persona le preguntas inocentemente “¿de dónde eres?” es posible que se sienta más insegura y que empiece a pensar “¿pero por qué me ha hecho esta pregunta? ¿Será porque hablo inglés muy mal? ¡Qué horror!

¿Qué error he cometido? ¿He pronunciado mal la R otra vez? ¡Oh, Dios mío, nunca conseguiré hablar inglés como los nativos!”

Es decir, esta pregunta que quizás tú haces de forma inocente para romper el hielo, para iniciar una conversación con un desconocido, puede, sin embargo, desencadenar en algunas personas un montón de traumas, de conflictos internos…

Nosotros desde fuera no podemos verlo, pero en la mente de algunas personas, nuestra pregunta provoca un conflicto emocional.

Esa persona a la que le preguntas de dónde es, puede sentirse muy mal consigo misma.

Y nosotros seríamos los causantes de ese conflicto. Nosotros seríamos los responsables de que esa persona se sienta mal.

No deberíamos haberle hecho esa pregunta.

Bueno, esto no es lo que digo yo. Esto es lo que he escuchado a algunas personas, profesores de idiomas en particular.

Yo he estado reflexionando sobre este tema y me parece que es verdad que tenemos que hacer un esfuerzo por evitar que otras personas se sientan mal por lo que nosotros decimos o hacemos.

Yo tengo que reconocer que soy culpable de haber hecho esta pregunta muchas veces. Muy a menudo he preguntado ¿de dónde eres? a muchas personas.

A mí me gustan mucho los idiomas. Y cuando hablo con alguien siempre presto atención a su acento, a la forma cómo habla. Siento curiosidad. En español, por ejemplo, intento siempre adivinar la nacionalidad de una persona por su acento. Cuando voy a España, por ejemplo, a veces escucho acentos muy diferentes, de México, de Argentina, de Colombia… o de otras regiones de España, de Galicia, de Cataluña…

Y siempre presto atención a la forma de hablar de la gente. Soy curioso. Tengo curiosidad por saber de dónde viene una persona, cuál es su historia, cuál es su “background”...

Aquí donde vivo, en Londres, pues igual. Imaginaos. Londres es una ciudad muy internacional. Aquí vive gente de todo el mundo. Muchos venimos aquí para mejorar nuestro inglés, para trabajar… Y a mí siempre me ha gustado identificar el origen de la gente a partir de su forma de hablar inglés, por los errores que comete, por su pronunciación, por el tipo de expresiones o palabras que usa…

Y muy a menudo, como digo, tanto en España como en Londres, he hecho esta pregunta: ¿De dónde eres? Where are you from?

A veces por curiosidad, porque me interesan los idiomas; a veces para romper el hielo y empezar una conversación con alguien…

Nunca había visto ninguna maldad en esta pregunta. Pero ahora, reflexionando un poco, puedo entender que algunas personas se sientan mal cuando alguien les pregunta de dónde son porque, en su cabeza, quizás, piensan que tú los estás criticando, los estás juzgando por su forma de hablar, los estás menospreciando…

En fin, esa pregunta puede desencadenar en algunas personas una serie de conflictos internos de los que nosotros desde fuera no nos damos cuenta, pero que están ahí.

Y, bueno, entonces, sí, quizás tengan razón estos profesores que piden no preguntar a nadie de dónde es, cuál es su país de origen, cuál es su nacionalidad.

Es una pregunta que quizás deberíamos evitar.

Lo que pasa es que, quizás, por otro lado, hay muchas otras preguntas que deberíamos evitar para no causar conflictos emocionales en otras personas.

La edad, por ejemplo. Tampoco deberíamos preguntar la edad porque algunas personas pueden interpretar esa pregunta como un juicio sobre su apariencia física. A lo mejor piensan que les hacemos esa pregunta porque parecen viejos, porque tienen demasiadas arrugas o porque son demasiado jóvenes y les falta experiencia para un trabajo… Nosotros no podemos saber, desde fuera, lo que piensa esa persona, cómo interpreta esa persona nuestra pregunta, lo que siente cuando le preguntamos cuántos años tiene.

Tampoco deberíamos preguntarle si tiene hijos, si está casado, si está soltero…

Si tú le preguntas a alguien si está soltero, esa persona puede pensar que estás juzgando su estilo de vida. O a lo mejor esa persona está traumatizada porque no encuentra pareja. A lo mejor piensa que es demasiado feo, demasiado bajo, demasiado aburrido, demasiado pobre… Y que nadie se va a enamorar nunca de él o de ella… Y tú, tú, vas y de forma totalmente inconsciente le haces esa pregunta, esa maldita pregunta, esa preguntita de mierda que todo el mundo le hace: “¿Estás soltero? ¿Todavía estás soltero? ¿Por qué no te casas?”

Y estamos desencadenando, sin saberlo, una serie de conflictos internos, una serie de inseguridades, de las que nosotros no somos conscientes, quizás, pero que están ahí.

La profesión… Otro tema sobre el que tampoco deberíamos hacer preguntas. Tú no lo sabes, pero a lo mejor esa persona odia su trabajo o se avergüenza de su profesión y no lo quiere decir… No quiere decir qué hace para ganarse la vida.

Por ejemplo, imagina un actor porno o una chica que vende fotos de sus pies en Only Fans; un abogado del estado, un banquero, un político, un alcalde… Lo que sea…

Y se sienten muy avergonzados de lo que hacen. Y tú llegas y les preguntas por su profesión. Tu pregunta puede ser muy inocente. Quizás tú haces esa pregunta con toda la inocencia del mundo. Pero, sin saberlo, estás desencadenando un montón de traumas, un montón de conflictos internos, de inseguridades…

Yo tengo que reconocer que he hecho muchas de estas preguntas en el pasado. Y además he enseñado a mis estudiantes a hacer estas preguntas en español. Les he animado a hacerlas.

Y ahora me arrepiento. Me arrepiento totalmente.

Nosotros somos responsables de los sentimientos de otras personas, nosotros somos responsables de cómo se sienten otras personas por las preguntas que les hacemos.

Tenemos que hacer un esfuerzo para evitar que otras personas se sientan inseguras por nuestras preguntas.

Yo me he hecho el propósito que, desde ahora en adelante, no voy a volver a preguntarle a nadie de dónde es, cuántos años tiene, si está casado o soltero, si tiene hijos, cuál es su trabajo, qué estudia…

No. Nada. Basta.

Todas esas preguntas son demasiado personales y pueden llevar a conflictos emocionales en algunas personas. Aunque tu intención sea buena, inocente… Aunque tú simplemente quieras romper el hielo y conocer a alguien o quizás simplemente sientas curiosidad… No. No hagas esas preguntas.

Evítalas. Tú eres responsable de cómo se sientan otras personas. Si alguien se siente mal si tú le preguntas de dónde es, es tu culpa, es tu responsabilidad. No la suya. La suya, no.

Hombre, alguien podría argumentar que lo que hay que hacer es, simplemente, aprender a interpretar las cosas en contexto. O sea, en lugar de pedir a la gente que no haga este tipo de preguntas, tal vez lo que deberíamos hacer es aprender a interpretar esas preguntas en su contexto de forma que no necesariamente las veamos como ataques personales o como una crítica a nuestra forma de hablar, a nuestra forma de vivir, a nuestra personalidad…

O sea, si yo en España le pregunto a alguien de dónde es, esa pregunta puede interpretarse de forma muy diferente dependiendo de las circunstancias, del contexto, del tono de mi voz, del momento que elijo para hacer esa pregunta, del gesto de mi cara, de la relación que tengo con esa persona…

En fin, que todo dependería del contexto en el que se hace la pregunta.

Pero no. No…

Para interpretar las cosas en su contexto hace falta tener inteligencia social para ser capaces de entender cuáles son las intenciones de alguien que nos pregunta de dónde somos e interpretar correctamente sus intenciones.

Es decir, hace falta pensar.

Y pensar no es fácil, chicos. Pensar es muy complicado. Pensar no es nada fácil.

Es mucho mejor, es mucho más fácil, si evitamos por completo hacer este tipo de preguntas personales. Así evitaríamos desencadenar todo tipo de inseguridades, traumas y conflictos internos en otras personas.

Yo, como os digo, he decidido no volver a hacer preguntas personales a nadie ni enseñar a hacer preguntas de este tipo a mis estudiantes de español.

Es más, he decidido que lo mejor es no hablar con nadie, no intentar conocer a nadie ni entablar ninguna conversación con nadie. Eso es lo mejor.

Las relaciones sociales siempre acaban causando problemas. Cuando hablamos con alguien, siempre terminamos por decir algo o por hacer algo que puede causar conflictos.

¿Por qué causar tanto sufrimiento en otros?

Relacionarse con otras personas conlleva demasiados riesgos para nuestro equilibrio emocional.

Creo que fue Jean Paul Sartre el que dijo “El infierno son los otros”. Y tenía razón. Vivir con otros, vivir en sociedad, relacionarse con otras personas, puede ser un infierno, un castigo divino, un sufrimiento constante.

Las relaciones sociales están llenas de roces, de malentendidos, de equívocos que pueden causar conflictos de todo tipo.

Lo mejor es no hablar con nadie, no preguntar nada, no intentar hablar con nadie, no hablar de nada…

Porque cualquier cosa que digas puede ser malinterpretada. Aunque tu intención sea buena, tú puedes ser el causante, sin saberlo y sin quererlo, del sufrimiento y del dolor de otras personas.

Chicos, reflexionemos juntos, y evitemos hacer, desde ahora en adelante, todo este tipo de preguntas personales.

Yo, por mi parte, pido perdón a todos los que he podido ofender con mis preguntas. Bajo ninguna circunstancia volveré a preguntarle a nadie de dónde es, si está casado, si tiene hijos, qué profesión tiene…

Nada. Desde ahora en adelante, yo iré a mi rollo y nada más.

Y nada más por hoy, chicos.

Nos vemos… No, no nos vemos. Nos escuchamos en el próximo episodio de nuestro podcast.

¡Hasta pronto!

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